El lugar donde he sido mandado a vivir sin ninguna experiencia previa en el medio de la más huérfana inconstancia. El que me obliga a tomar por sorteo hasta la más inocente de mis decisiones, como la de creer en la más pálida idea...

marzo 12, 2011

Las Viñas del debate



Para los que huyen del debate confrontativo por considerarlo un acto de barbarie frente a la civilizadora costumbre de reemplazarlo por el silencio contemporizador.


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¬En una época ¬pienso en Contorno, para poner un ejemplo- hubo grandes polémicas culturales en la Argentina. ¿Qué pasa ahora? Da la sensación de que ya no hay debate, de que circula una especie de cortesía en el mundo intelectual, de que nadie quiere irritar a los otros.

¬¡Ah, eso! La cautela, la cautela. Parecería que cierta cosa polémica (y esto ya lo verifiqué en España) es algo así como barbarie. ¿Qué es lo que se ha postulado y logrado aquí: una especie de domesticación del intelectual. Ya no es civilización o barbarie; es ser domesticado o bárbaro. ¿Está claro? Si de eso se trata, postulo una especie de barbarización del espacio intelectual. Digo, ¿no? Lo que subyace es temor a las secuelas, a...

¬ ¿Perder espacios?

¬...Puede ser, desde ya... perder espacios... aparecer como excesivo, perder la calidad de intelectual televisivo, de intelectual más o menos mimado. Y esto quiere decir privilegios. Privilegios indudables, ¿no? Entonces, es mejor entrar en el juego presuntamente irónico...

¬... elegante.

¬Por un lado. Y por otro, quizá, considerablemente, un miedo a que la cosa se exacerbe y que de la simple polémica intelectual se vaya al reconocimiento de, digamos, la guerra civil permanente. Es decir, en última instancia, no llevemos esto a zonas más graves. Yo creo que tenés razón vos: ahí aparece la cortesía. Paremos la mano, porque esto es empezar a tirar pálidas, es exacerbar la discusión, es hablar de cosas que, mejor, dejémoslas para más adelante. Ya. Está bien: enfriemos la cosa, seamos lo suficientemente educados y civilizados como para que esto no parezca algo de mal gusto.

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Citas del reportaje a David Viñas realizado por Raquel Angel e incluído en su libro "Rebeldes y domesticados: los intelectuales frente al poder" , Ediciones El Cielo por Asalto, 1992.


marzo 10, 2011

Descomposición


El acoso de la palabra no permite disfrutar de los devenires crudos, exentos de comentarios, de conclusiones, simplemente efímeros en su eternidad incuestionable. Eso de existir como juego fluido, como pasatiempo infinito sin retroceso, hundido en una dimensión donde nadie se pregunta nada y nada puede interferirse para ser pensado. Siempre me encantó el pensamiento, supe gozar su placer infinito, pero en esta estación del recorrido reconozco que el pensamiento viola la naturalidad de los hechos, los contamina con su lastre apestoso de lengua en mal estado. Es que las palabras son vivas, y como tales se echan a perder, el lenguaje es como conjunto de carnes sabrosas solo el día que se las prueba pero que luego se pudren, que echan mal olor, se vuelven pestilentes e invasoras de la sanidad de todo lo que rodean. Los hechos en tránsito, en cambio, son imputrecibles, imperecederos, son la nuda conciencia del instante que flota sin poder detenerse a ser comprendido, contienen el sabor incomparable de lo no dicho, del silencio, del blanco de la hoja, de la articulación abolida, de la experiencia guiada por su propia naturaleza de giros inesperados y temblores inexplicables, de lo no pensado.

marzo 06, 2011

Desastre en la traducción


Vía Juan Pablo Csipka encuentro este texto para ingresar a un tema que me parece de los más interesante, acaso por la paradójica razón de la bronca que me produce: las traducciones de las películas extranjeras al español para latinoamérica.

Desde hace décadas que la traducción de los títulos -mejor dicho, de la designación en español de las películas- queda en mano del sensacionalismo hambriento de productores cuya impresentable imaginación se reduce a 3 o 4 lugares comunes, y deja afuera el aporte de traductores profesionales que respetarían la intención del creador o autor de las películas. Y es notable como el criterio siempre para titular las películas en latinoamérica tiende a subestimar al público de estos lares buscando "simplificar" lo que se supone aquí no es posible entender por falta de educación. No solo se buscan títulos gancheros sino que sean comprensibles casi para infradotados, anulando cualquier juego o intención literaria del título original.

Y el colmo es que para España eligen uno diferente que para los países de habla hispana de latinoamérica, y van a llegar a meter un título diferente por país. Todo pensando que con eso van a atraer multitudes hacia las salas, cuando la realidad les ha demostrado que no es así.

Menos mal que esta idea no se ha aplicado del todo todavía para los libros.


La escoba de tiras azules


Quiero repensar el orden, quiero un replanteo que me permita llegar a asesinar la repetición y quemar vivo, de una vez por todas, el mediocre dictado de la inercia. Y amanezco dormido en una letra, destapado en la cama de un hotel verbal, proveniente de una noche apagada donde ningún sueño ha dejado huella. Solo el silbido en la piel de haber pasado mi cuerpo por aguas verdosas, y sentirlo hervir entre esfumados dragones de neón y desconcertantes angelitos de papel. Pero me resisto y actúo el sueño de mi despertar barriendo el mundo con una escoba gigantesca de tiras de lona azul. Recojo los desperdicios incesantes de autos y tierras, escombros y personas, malezas y artefactos. Los acumulo en una extraña pila antes de empujarlos a un lago de aguas transparentes, donde caerán para reciclarse. Es mi contribución a su mantenimiento en buen estado, impidiendo que ceda del todo a la tentación de volverse irrespirable.

febrero 26, 2011

Estación incertidumbre


Vuelvo a arrancar, porque el extravío del destino premeditado es mi norma de adaptación cotidiana, todos los días rectifico rumbos, todos los días rompo cartas de navegación, todos los días redefino conflictos perpetuos, todos los días desprendo ramas desconocidas hacia avatares aún más incógnitos. No es vivir sin la memoria, ojalá dispusiera de su indulgencia, se trata de desafiar la autoridad de la memoria que empuja órdenes basadas en sólidos supuestos, que interpela tu agenda con la inconsciente naturalidad que le otorga su mandato. Vamos por tierra, vamos por aire y vamos por más, pero nunca llegar es creer en el tránsito eterno, en el viaje infinito hacia un arribo imposible. Queda el recurso de aferrarse al mudo estancamiento para fundar un alegórico epicentro del desmonte, o bajarse en la estación incertidumbre, siempre atractiva, estimulante y moderna, ocupada por seres de mirada indefinida que muestran sin tapujos las incógintas de sus finales irresueltos…

It's not the same


No es lo mismo tener sexo con una mujer embalsamada que tener con la mujer amada sexo en una balsa.

febrero 23, 2011

Toda palabra es póstuma



Daniel Massei - Periodista, escritor, bloger- 1963-2011


No fui amigo de Daniel Massei en el estricto sentido del término ni mucho menos, personalmente apenas lo vi una vez donde cambiamos solo un par de saludos, y a pesar que tuvimos muchos intercambios via comentarios, blogs y mails, se podría decir que teníamos tantas peleas como coincidencias, tantas distancias como acercamientos y nunca supe si circuló algún verdadero afecto entre nosotros, pero no dudaría en sentirlo un “amigo del blog” y su muerte me ha dolido como duelen las muertes de los amigos.

Siento que es una categoría especial que no rige por los cánones de la amistad real, sino que se construye con otros parámetros; hay amigos de la noche, de la infancia, del barrio, del trabajo…Y los del blog, de la red, de la aldea virtual, compañeros de la ruta de la expresión, amistades de un fuero especial que flotan ahí como si nunca se confirmaran y de pronto de revelan.

A fines de junio de 2005 un poco a tientas comencé con este blog y con la inseparable inmersión en la blogósfera, como estaba tan de moda decirle en aquel momento. De la mano de la casualidad y de alguna referencia di con el blog de Werte “Las piernas de Marlene” y buceando sus enlaces un día fui a parar al blog de Daniel que se titulaba “Póstumos” y que me sorprendió como un intenso ejercicio de escritura diaria atiborrado de reflexiones, narraciones, noticias y comentarios siempre conectados al mundo de la literatura. Luego llegué al sitio “Kaputt”, un proyecto grupal excelente que convocaba a varios escritores a publicar un texto por semana un día fijo de lunes a sábado, reservando los domingos para invitados, y que él empujaba con un denso entusiasmo entregándole mucha energía con firmas como las de Guillermo Piro, Beatriz Vignoli, Omar Genovese, Edgardo Balduccio y Paula Pampín entre otros. Poco tiempo después, por septiembre del 2005, lo conocí en el encuentro bloguero que hizo en el Ricardo Rojas.

Fue una constante en aquellos años el debate sobre la herramienta blog en si, que de tan nueva encandilaba a todos, a la vez que confundía y retorcía los preconceptos establecidos sobre la escritura, su materialidad, pero por sobre todo la idea de publicación. Perplejidades por los grados de libertad inéditos, la ruptura del peregrinaje pre-publicador del mundo del papel y sus mecanismos de control, y también esa contradictoria sensación que atribulaba a los blogueros de estar ante algo que se revelaba como una posibilidad tangible y evidente de consumar el hecho de la publicación pero también significaba volcar energías en lo que podía ser la trampa de un simulacro menor, inválido e intrascendente de la dura realidad editorial, eran los tópicos que dominaban la escena. En aquellas tormentosas reflexiones que aún siguen vivas, Daniel fue un aporte muy intenso en toda la temática, defendió mucho al blog de críticas ignorantes y maliciosas, trató de pensar sobre su naturaleza y luchó para que lo tomara en serio, como una herramienta para hacer circular la palabra tan válida como cualquier otra. Recuerdo que detestaba a los que adoptaban el anonimato en el blog por tomarlo solo como un pasatiempo o por irresponsabilidad de sostener con la propia firma en este medio lo que no se dudaría en rubricar en un medio tradicional de mayor prestigio.

A mi Daniel me transmitía ser un tipo con una pasión casi obsesiva por la literatura, con un inagotable apetito de creatividad y profundidad para abordarla, que se evidenciaba en su faz reflexiva como en el mismo goce lúdico de narrar y leer. Si vale el lugar común bien podría decirse que aún desde la distancia dejaba sentir que “respiraba literatura” por todos sus poros, era capaz de mirar todo desde una lente literaria, aún lo que se supone no podría ser visto de esa manera, y transmitía una vibra perceptiva muy inquieta y observadora, como si sus pulsiones vitales se alimentaran del devenir deslizante de un mundo plagado de potentes estímulos que no podían ser develados sino a través de las palabras escritas.

Agudo polemista, poco amigo de los ángulos oblicuos a la hora de decirte las cosas, con cierta tendencia a pontificar casi siempre sobre el error ajeno lo que le valió entre algunos el mote de “maestro ciruela” –si mal no recuerdo se lo puse yo-. Era de aquellos que son por igual de inteligentes que calentones, dos cualidades muy difíciles de hacer convivir sin generar turbulencias. Muchas veces no era cómodo debatir con él, pero su compromiso con los temas que abordaba era siempre muy profundo y prolijo, y era capaz de exigirse un muy buen nivel de elaboración en todo lo que escribía, lo que en definitiva resultaba enriquecedor y estimulante para la propia exigencia de los que éramos sus interlocutores. Lo que más me gustaba de Daniel era su constante vocación de convocar e incitar al pensamiento, al intercambio de ideas y experiencias, a la discusión, a poner a rodar el vértigo subyugante de la palabra en cualquier momento. Supimos tener más de una riña dialéctica, alguna muy fuerte al punto de no darnos más bola por un largo tiempo, hasta que volvimos a tratarnos con la mejor onda vía las redes sociales y algún que otro mail.

Sería un facilismo hueco jugar con la resonancia presagiante del título de su blog que era precisamente “Póstumos”. Pero creo que nos quería decir algo, que los textos, que andan por ahí victimizándose a causa de su impotencia material, guardan el mágico poder de sobrevivirnos, de pasarnos por encima hasta convertir el lado orgánico de la vida tan solo en un etapa de producción, apenas la hora efímera del hacer que nos corresponde como sujetos en tránsito frente al infinito del comprender que le corresponde al mundo que permanece.

Todo texto es un texto póstumo, tanto el que se escribe en cualquier instante de la latencia vital como en el último, como los que él escribió y seguirá escribiendo para siempre, permanecerán imborrables y a prueba de cualquier circunstancial olvido.

!Haste siempre Daniel!