A propósito de la nota publicada hoy en Ñ
Ufa con las notas generacionales.
Ya son un clásico, desde que gozo del beneficio social de la alfabetización ha sido una constante leer notas, libros y artículos periodísticos basados en esta estrategia de definición, ir por el lado de la edad. Las jóvenes guardias, los nuevos valores, el semillero cultural, las nuevas generaciones que empujan, la savia nueva. Mete miedo solo recordar este tipo de frases selectoras. En este caso el corte es escandalosamente amplio, porque partir de los nacidos en 1960 es un globo que mezcla generaciones tan diferentes que cuesta creer que pueda pensarse que se destaque algo significativo en común. Que tendrá que ver un cuarentón nacido en 1961, criado culturalmente en la transición procesera y ochentera, con un tipo de treinta y tantos que hizo sus principales armas de absorción en los menemáticos noventas. La excusa es hacer una nota y difundir “lo que hay”. Clarín es un diario pop, todo lo que refleja es parte de esa mirada, lo que existe es lo que es conocido, lo que vende (mucho o poquito pero vende), lo que ocupa aunque sea el centro popular e inmediatamente referencial de cualquier micro-realidad. Sus páginas se llenan de todo lo frívolo, superficial, marketinero, híbrido, pero nombrado. Jamás la mirada de este diario ha de penetrar un instante debajo de lo visible, de lo inmediato. Obviamente son consecuentes en todos su actos, sólo leen la primera página, los títulos principales, estudian por resúmenes, recorren desde arriba de un auto el universo cultural y leen sólo los carteles de los locales que dan a la calle. Esto no quiere decir que de buscar más allá encontrarían oros ocultos o que muchos de estos que hallaron en su escrutinio mínimo y facilista no debieran estar, sólo que al menos las selecciones tendrían un poco más de representatividad real.
Dice Muleiro para semblantear a esta selección “No escriben en las alturas. No se apropian ni reelaboran prestigiosos lenguajes previos. Como algunos de sus abuelos vanguardistas han sacudido el objeto artístico de cualquier halo sacral. No han amagado discursos de ruptura, no han salido a cruzar a ningún pope ni plantado una flor extraña ante los que se inclinan con gesto reverencial frente al arte. Avanzan de manera epigonal, línea a línea, sin sobresaltos, buscando algún relieve que merezca ser apuntado en la libreta. Son los poetas argentinos nacidos a partir de 1960 sometidos a una época con demasiados rigores y pocas fiestas.”
En otras palabras, no han hecho un carajo. Pero merecen destacarse porque es la nueva tendencia, lo que hay, una expresión más de esa ideología complaciente de la aceptación acrítica del hecho consumado, consumido y consumible. La podría llamar la nueva cultura de la disponibilidad, solo existe lo que está disponible. En los supermercados o en las principales casas, basurales y cementerios del ramo. No soy especialista en la materia, pero me animo a apostarle muy fuerte a quién sea de que eso no es “lo que hay”, es nada más que lo que quieren encontrar.
Y cuidado con asociar la trivialidad y la boludez con "sacudir el halo sacral" del hecho artístico, un camino peligroso que puede llevar a confundir mediocridades y gansadas en transgresiones liberadoras.
Decir que me parecen buenos o malos los poemas seleccionados no creo que corresponda ya que no estoy en condiciones siquiera de plantear una postura estética en materia de poesía, y esa es para mi una condición necesaria para poder adosarle el predicado de “crítica” a una reseña o comentario y emitir juicios de valor. Como es 24 de diciembre y no tengo ganas de trabajar, a modo de parcial referencia para ubicar al menos mis preferencias ( sigo con las rimas inconcientes ) enlazo este artículo ligado al lado psicoanalítico de la poesía donde se expresan algunas puntas que comparto, quizá hoy puestas un tanto en crisis y mezcladas con otros vientos menos “duros” en materia de colusión lingüística, porque creo que la posición permanente de combate semántico del lenguaje poético merece períodos de convivencia con la paz del pan pan y el vino vino. Por ello me limitaré a las categorías de la experiencia personal en cuanto a si me gusta, me conmueve o me da sueño. No me gustaron en su “inmensa mayoría”, menos me conmovieron o me produjeron algún resonar de esos ecos sacramentales que se reflejan desde la nariz hasta el último pendejo del culo. Los sentí estériles, indiferentes y vacuos. Una poesía muy descriptiva, narrativa, demasiado plana, registrativa y trozada para mi gusto. Es que espero de un poeta que me diga algo más, no que me informe de una anotación en su cuaderno en tono descriptivo obvio y tautológico, casi periodístico. La poesía es mostrar alguna que otra habilidad perturbadora para hacernos notar que existe algo más allá de la mera función mecánica del lenguaje, usar su capacidad de contradecir opulencias y enervar tranquilidades, sino me suena a trozo de prosa puesto en una columna de ancho reducido. De los que están linkeados en los pdf a los que remite la versión web de la nota, me gustan más los ejemplos de la última hoja, los de Ana Arzoumanián, Laura Lobov y Darío Rojo. Pero aclaro que leo en los blogs cientos de poemas que me producen más que estos.
Muleiro resume bien los choques de tendencias sufridos en las últimas décadas. Lo más interesante para mi fue la parábola de la generación más pegada en su nacimiento a los 60, que fue la que sufrió el impacto del consecutivo asesinato y renacimiento de su cosmovisión formativa; y que luego de haberla tenido entre sus manos nuevamente -producto de ese renacer de altísimo costo en dolor- vio como se le iba escurriendo entre los dedos de la desintegración impúdica de los noventa. De esa colisión gigantesca el desparramo consecuente de corrientes, despojos y mutaciones fue muy diverso. Algunos directamente vendieron sus pasados credos y renovaron enseguida el look “doctrinario” para militar en el culto al kistch exitista. Otros quedaron atrincherados en la oscuridad impenetrable del anacronismo y desde allí establecieron estaciones de rezongo y resistencia, ladrándole a la luna mediática pero olvidándose quizá de las posibilidades de conseguir combustible para sus propios cohetes de despegue. Otros creo que han alcanzado alguna síntesis transformadora y son los que yo llamo “retornados”, cuasi-cuarentones informatizados cuya adaptación les permite escribir cien veces coger y pija sin olvidar las viejas chispas fundacionales de la profundidad transformadora, esa burbuja solemne, contrera y testimonial, terca amante histérica y demandantemente revolucionaria que cuesta tanto abandonar.
Hace poco leía en un diario un aviso sobre un concurso de cuentos en un municipio bonaerense en cuyas bases se establecía una prohibición expresa: “no se aceptarán relatos en lenguaje poético”. Claro, pensé yo, los jurados estarían abrumados de cuentos torturantemente ambiguos y difíciles de elucidar como tales. Luego aquí parece ser que al seleccionar la poesía de los nacidos después del 60 optaron por mostrar una naturaleza secamente narrativa y descriptiva, apta para creación y consumo fresco y apurado. Que complicado, ¿no?, ¿será la dialéctica de las tendencias contrapuestas?. Si algún día organizo un concurso de poesía estaría tentado de poner una regla “no se aceptarán poemas en lenguaje narrativo”
Posdata navideña:
Creo que la navidad, más allá de la si uno es cristiano, ateo, judío, marxo o musulmán, aqui en Argentina se convirtió en la fiesta de la familia, ese momento donde nos dedicamos a ver que pasa con nuestros amigos de la sangre, las raíces, lo básico, lo medular, los afectos fundantes. Por eso, quizá aún los que no les dan demasiada bola a la liturgia religiosa -me incluyo- le damos bola a la navidad por ese sentido afectivo. Para mi, la navidad es fiesta de los afectos primarios donde están incluidos los amigos entrañables que son parte de la familia, que tanto, aunque los vayamos a saludar después de brindar con nuestro cuñado o primo insufrible.
Ufa con las notas generacionales.
Ya son un clásico, desde que gozo del beneficio social de la alfabetización ha sido una constante leer notas, libros y artículos periodísticos basados en esta estrategia de definición, ir por el lado de la edad. Las jóvenes guardias, los nuevos valores, el semillero cultural, las nuevas generaciones que empujan, la savia nueva. Mete miedo solo recordar este tipo de frases selectoras. En este caso el corte es escandalosamente amplio, porque partir de los nacidos en 1960 es un globo que mezcla generaciones tan diferentes que cuesta creer que pueda pensarse que se destaque algo significativo en común. Que tendrá que ver un cuarentón nacido en 1961, criado culturalmente en la transición procesera y ochentera, con un tipo de treinta y tantos que hizo sus principales armas de absorción en los menemáticos noventas. La excusa es hacer una nota y difundir “lo que hay”. Clarín es un diario pop, todo lo que refleja es parte de esa mirada, lo que existe es lo que es conocido, lo que vende (mucho o poquito pero vende), lo que ocupa aunque sea el centro popular e inmediatamente referencial de cualquier micro-realidad. Sus páginas se llenan de todo lo frívolo, superficial, marketinero, híbrido, pero nombrado. Jamás la mirada de este diario ha de penetrar un instante debajo de lo visible, de lo inmediato. Obviamente son consecuentes en todos su actos, sólo leen la primera página, los títulos principales, estudian por resúmenes, recorren desde arriba de un auto el universo cultural y leen sólo los carteles de los locales que dan a la calle. Esto no quiere decir que de buscar más allá encontrarían oros ocultos o que muchos de estos que hallaron en su escrutinio mínimo y facilista no debieran estar, sólo que al menos las selecciones tendrían un poco más de representatividad real.
Dice Muleiro para semblantear a esta selección “No escriben en las alturas. No se apropian ni reelaboran prestigiosos lenguajes previos. Como algunos de sus abuelos vanguardistas han sacudido el objeto artístico de cualquier halo sacral. No han amagado discursos de ruptura, no han salido a cruzar a ningún pope ni plantado una flor extraña ante los que se inclinan con gesto reverencial frente al arte. Avanzan de manera epigonal, línea a línea, sin sobresaltos, buscando algún relieve que merezca ser apuntado en la libreta. Son los poetas argentinos nacidos a partir de 1960 sometidos a una época con demasiados rigores y pocas fiestas.”
En otras palabras, no han hecho un carajo. Pero merecen destacarse porque es la nueva tendencia, lo que hay, una expresión más de esa ideología complaciente de la aceptación acrítica del hecho consumado, consumido y consumible. La podría llamar la nueva cultura de la disponibilidad, solo existe lo que está disponible. En los supermercados o en las principales casas, basurales y cementerios del ramo. No soy especialista en la materia, pero me animo a apostarle muy fuerte a quién sea de que eso no es “lo que hay”, es nada más que lo que quieren encontrar.
Y cuidado con asociar la trivialidad y la boludez con "sacudir el halo sacral" del hecho artístico, un camino peligroso que puede llevar a confundir mediocridades y gansadas en transgresiones liberadoras.
Decir que me parecen buenos o malos los poemas seleccionados no creo que corresponda ya que no estoy en condiciones siquiera de plantear una postura estética en materia de poesía, y esa es para mi una condición necesaria para poder adosarle el predicado de “crítica” a una reseña o comentario y emitir juicios de valor. Como es 24 de diciembre y no tengo ganas de trabajar, a modo de parcial referencia para ubicar al menos mis preferencias ( sigo con las rimas inconcientes ) enlazo este artículo ligado al lado psicoanalítico de la poesía donde se expresan algunas puntas que comparto, quizá hoy puestas un tanto en crisis y mezcladas con otros vientos menos “duros” en materia de colusión lingüística, porque creo que la posición permanente de combate semántico del lenguaje poético merece períodos de convivencia con la paz del pan pan y el vino vino. Por ello me limitaré a las categorías de la experiencia personal en cuanto a si me gusta, me conmueve o me da sueño. No me gustaron en su “inmensa mayoría”, menos me conmovieron o me produjeron algún resonar de esos ecos sacramentales que se reflejan desde la nariz hasta el último pendejo del culo. Los sentí estériles, indiferentes y vacuos. Una poesía muy descriptiva, narrativa, demasiado plana, registrativa y trozada para mi gusto. Es que espero de un poeta que me diga algo más, no que me informe de una anotación en su cuaderno en tono descriptivo obvio y tautológico, casi periodístico. La poesía es mostrar alguna que otra habilidad perturbadora para hacernos notar que existe algo más allá de la mera función mecánica del lenguaje, usar su capacidad de contradecir opulencias y enervar tranquilidades, sino me suena a trozo de prosa puesto en una columna de ancho reducido. De los que están linkeados en los pdf a los que remite la versión web de la nota, me gustan más los ejemplos de la última hoja, los de Ana Arzoumanián, Laura Lobov y Darío Rojo. Pero aclaro que leo en los blogs cientos de poemas que me producen más que estos.
Muleiro resume bien los choques de tendencias sufridos en las últimas décadas. Lo más interesante para mi fue la parábola de la generación más pegada en su nacimiento a los 60, que fue la que sufrió el impacto del consecutivo asesinato y renacimiento de su cosmovisión formativa; y que luego de haberla tenido entre sus manos nuevamente -producto de ese renacer de altísimo costo en dolor- vio como se le iba escurriendo entre los dedos de la desintegración impúdica de los noventa. De esa colisión gigantesca el desparramo consecuente de corrientes, despojos y mutaciones fue muy diverso. Algunos directamente vendieron sus pasados credos y renovaron enseguida el look “doctrinario” para militar en el culto al kistch exitista. Otros quedaron atrincherados en la oscuridad impenetrable del anacronismo y desde allí establecieron estaciones de rezongo y resistencia, ladrándole a la luna mediática pero olvidándose quizá de las posibilidades de conseguir combustible para sus propios cohetes de despegue. Otros creo que han alcanzado alguna síntesis transformadora y son los que yo llamo “retornados”, cuasi-cuarentones informatizados cuya adaptación les permite escribir cien veces coger y pija sin olvidar las viejas chispas fundacionales de la profundidad transformadora, esa burbuja solemne, contrera y testimonial, terca amante histérica y demandantemente revolucionaria que cuesta tanto abandonar.
Hace poco leía en un diario un aviso sobre un concurso de cuentos en un municipio bonaerense en cuyas bases se establecía una prohibición expresa: “no se aceptarán relatos en lenguaje poético”. Claro, pensé yo, los jurados estarían abrumados de cuentos torturantemente ambiguos y difíciles de elucidar como tales. Luego aquí parece ser que al seleccionar la poesía de los nacidos después del 60 optaron por mostrar una naturaleza secamente narrativa y descriptiva, apta para creación y consumo fresco y apurado. Que complicado, ¿no?, ¿será la dialéctica de las tendencias contrapuestas?. Si algún día organizo un concurso de poesía estaría tentado de poner una regla “no se aceptarán poemas en lenguaje narrativo”
Posdata navideña:
Creo que la navidad, más allá de la si uno es cristiano, ateo, judío, marxo o musulmán, aqui en Argentina se convirtió en la fiesta de la familia, ese momento donde nos dedicamos a ver que pasa con nuestros amigos de la sangre, las raíces, lo básico, lo medular, los afectos fundantes. Por eso, quizá aún los que no les dan demasiada bola a la liturgia religiosa -me incluyo- le damos bola a la navidad por ese sentido afectivo. Para mi, la navidad es fiesta de los afectos primarios donde están incluidos los amigos entrañables que son parte de la familia, que tanto, aunque los vayamos a saludar después de brindar con nuestro cuñado o primo insufrible.