León Gieco ya no se siente mirado. Es algo así como el artista nacional y popular argentino por antonomasia que en muchos años de carrera supo modelar la evolución de ese sesgo hidro rural tan suyo; tuvo épocas donde abrazó el indigenismo pleno y otras donde decidió urbanizarse sin tapujos al son de máquinas de ritmos. Tampoco vamos a pretender que abandone a esta altura la típica hipocresía de su casta, esa que les permite ser psicobolche y mediano empresario sin que melle contradicción alguna. Pero cuidado Tino que no es cuestión de andar repitiendo el discurso derechoso ese que dice que para ser de izquierda y coherente hay que trabajar gratis, lo cierto es que nuestro Dylan a pesar de que repite la palabra "genocidas" cada diez que pronuncia en público y que abusa del recurso marginofílico como posicionamiento, en su civilidad artística ha emanado siempre un aroma de dignidad negociadora. Y eso es bastante en este desierto de mercantiles mentiras.
La pregunta será siempre si los aromas que nos dejan ciertos personajes-caciques del inventario popular proviene de las emanaciones genuinas de la entraña o del uso sistemático de baños de eau du cologne superficiales.
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