El lugar donde he sido mandado a vivir sin ninguna experiencia previa en el medio de la más huérfana inconstancia. El que me obliga a tomar por sorteo hasta la más inocente de mis decisiones, como la de creer en la más pálida idea...

septiembre 08, 2009

De la imposibilidad del pensamiento mágico en el fútbol






Derrota. Debutantes y veteranos conspiran para perder marcas. Caza de brujas. Odio ante la negación de la hazaña. El hambre de heroísmo despechado genera furias encendidas. No son culpables los que no marcan ni atajan ni juegan, sino los que no son capaces de torcer lo inevitable con desmesuradas epopeyas. El primer síntoma de la desesperación es el elogio revanchista en demasía a un rival simplemente impiadoso con las ofrendas.

El pensamiento mágico en el fútbol es el arma suicida más efectiva, la más perfecta máquina de decepción derrotante. Y el culpable siempre será Dios por no haber tenido la gentileza de entregar el milagro.

septiembre 02, 2009

Los medios de la ley


El movimiento que propugna la inmediata restauración conservadora en Argentina está interesado en que la demonización de los K arrastre la sepultura definitiva de todas las ideas políticas que considera enemigas de sus intereses. Que cancele para el futuro, aquellas iniciativas, que pudieran prosperar aún en otras manos que las de los K. Tratan de desarticular para siempre la sensación de que es posible tocar ciertos poderes intocables.

Para los bien pensantes ¿cuál es la diferencia entre Kirchner y Duhalde? ¿Acaso uno era me nos peronista que otro, menos clientelista, menos favorecedor de empresas de amigos? ¿Cristóbal López contra Américo Gualtieri? Lo que no me explico es como muchas miradas no pueden entender que esta oposición va más allá del fastidio o temor a Kirchner, supera sus límites domésticos. La ley de medios es un caso paradigmático: cualquier retorno de una ley que pretende democratizar el reparto de medios en el futuro será arrastrada por el barro de haber quedado estigmatizada como desatino kirchnerista. Por eso se encargan que el discurso sea bien machacón y distorsivo: debe instalarse que es una ley para amordazar a la prensa, para censurar, un acto de despotismo gobernante, un delirio personal de revanchismo desesperado. Creen que hay que garantizar que nada bueno pueda concebirse de leyes como esas.

En algo acierta Eduardo Aliverti. A juzgar por las desesperadas voces que tratan de aniquilarlo, el kirchnerismo pareciera ser la peor tragedia de los argentinos, cuando a lo sumo no pasa de ser una comedia un tanto corrupta y desprolija que a causa de su tozudez se vuelve lesiva para algunos negocios que se presumen intocables. ¿Desde cuando hacer que un medio no pueda acaparar el 80% del control total de los contenidos debiera despertar semejante grito de horror en la sociedad? ¿A donde fueron a parar tantos discursos que abogaban por medios pluralistas, participativos, inspirados en las modernas doctrinas de los más avanzados países de Europa y América? ¿La ley es poner a Verbistky en cadena nacional todos los días en todos los canales y radios y a toda hora? Esto pone en evidencia cual es la danger zone del cambio en la Argentina, porque instala, más allá de su personalismo de origen, la confrontación en sus términos descarnados, en la frontera ardiente en la relación del estado con los grandes poderes económicos. Un punto al que supo llegar también Alfonsín a veces pero que también lo hizo amante del escape y la salida negociada. Alfonsín rozaba el punto y se retiraba, sopesaba la asimetría de fuerzas y negociaba hacia atrás. La táctica también fracasó. Kirchner llega al punto y se instala, no negocia, aunque tampoco resuelve lo que genera, deja el conflicto desnudo y no sabe articular refuerzos para el combate final.

A Kirchner, cuanto más parece hundirse en su propio fuego, le prolonga la vida la propia dimensión de la reacción de sus opositores, son la prueba de que sus medidas tocan donde duele para que haya realmente algún cambio estructural, más allá de mil imperfecciones y otras tantas miserias que lo oscurecen. El acatamiento casi militar de los formadores de opinión empleados de los medios que se lanzan a la cruzada denostadora casi al borde del paroxismo, roza el efecto contrario por la evidencia de su interesado exceso.

Ahora bien, es innegable que la circunstancia puntual de impulsión de la ley es el evidente revanchismo personal de K con el grupo que fue aliado. ¿Por qué impulsar la ley hoy a modo de una quemada de naves y no haberlo hecho en el 2003 con el aval de una imagen positiva abrumadora, cuando las condiciones objetivas hacían más probable sustentarla con un alto apoyo popular e institucional? La reacción de los intereses afectados hubiera sido igual de virulenta, pero claro, hubiera tenido menos efecto en soledad que puesta en la cresta de una ola de vituperación automática ya instalada como tragedia. Pero aún esta pequeñez de origen no la invalida lo positivo de su proyección.


Addenda: A cuenta de lo dicho rescato algunos conceptos que que dejé en Nación Apache a propósito de un texto de opinión allí publicado.

-Reducir la ley a un revanchismo Kirchnerista desconociendo sus contenidos, la sustenación cultural que tuvo la elaboración del proyecto, es patear la pelota para que el partido se juegue donde quieren los grandes medios hegemónicos: que la demonización de Kirchner arrastre todo aquello lo que le resulta incómodo a sus intereses para dejarlo definitivamente sepultado.

-Afirmar que se pretende eliminar a los grandes medios del debate público es una exageración panfletaria; los verdaderos eliminados del debate público son los que no se muestran genuflexos a esos medios, y los que teniendo un medio independiente sufren la presión para venderlos a precio vil.

-Ciertas voces opositoras apelan a una retórica neoliberal de la época de Guy Sorman: el estado y el gobierno son la censura y el poder, y los grandes grupos son la libertad.


-Creo que aquí no está en juego el juicio a los méritos nac & pop de Kirhcner, sino lo que puede darnos la ley de aquí en más, mejorada y apuntalada por un mayor consenso, cuando los K sean tal vez un recuerdo de archivo; lo que la sociedad puede ganar con ella vale más que cancelarla con el argumento de la incoherencia progresista de los K.

agosto 29, 2009

Ejecutado






¿Se puede ejecutar una hipoteca afectiva?

El corazón, ay, el corazón ese tierno impostor que goza de tan buena reputación entre la gente…

La desafinada balada del deseo se ha quedado vacía, han usurpado sus melodías más traviesas, han declarado culpables sus más inocentes vacaciones letales, su perversa sinceridad se volvió látigo de hierro, cencerro de púas, bastarda herramienta de tortura atardecida… Tomé una noche a cuentas de las miserias venideras, me endeudé de afecto sin control, y no pude pagar, no pude, no me alcanzaron los gentiles recursos de mi rendición condicional, se secó la cuenca de mis labios y mis palabras de miedo se volvieron penas, monóxido de carbono entre tu boca y la mía, ácido sulfúrico en tus palabras de azote, bayonetas de piel herida que atraparon mi mirada creyente, diáfana en su inevitabilidad. Te ofrendé mi cobardía, pura y de pie, como quien entrega el cielo al primer postor. Los perros del resentimiento fueron por más, por bronces y sotanas, por registros repetidos, por frecuencias altercadas, por códigos obsoletos, y a pesar de todo encontraron el eco de la inseguridad, el peor eco de la inmadurez muscular del sexo cósmico, la carnal debilidad de la evasión, la despedida miserable de una transgresión falsa. De oficio, me ejecutaron la deuda con saña, cobrándose uno tras otros los silencios indolentes, las ausencias predictivas, las vacaciones provocativas de la inmanente libertad, aborrecida y desvalorizada, pulverizada por la urgencia del vil orgullo. Pagué el precio con la sonrisa de la herida inmortal, el daño estéril que confirma la caída inevitable, el tránsito descendente del ímpetu mayor, la conclusión obvia de la imposibilidad de existir tiernamente hasta nublar la conciencia…


Siento el viento del amor escaparse aterrado, pobre incrédulo, pero me queda una frase que me susurra el Sabio Maná como lección irrefutable:

“Déjalos, que se queden contentos con el inmundo sabor de su sentencia, sólo puedes decirles que fue justa¨

agosto 25, 2009

La nueva Cobos




Julio Cobos ya tiene su versión femenina en espejo en el campo oficialista.

!Bienvenida Senadora Latorre al campo del voto no positivo!

¿Y si cerramos la exportación de carne futbolera?


Poniendo aparte el tema de las transmisiones, la sustancia específica del "mercado" del fútbol argentino pasa por “un momento de locura total” como diría el sabio popular Héctor Veira.

Jugadores que se auto-venden como el caso de De Federico de Huracán con un nivel de desparpajo alucinante. El club niega terminantemente -y muy suelto de cuerpo- haber vendido al jugador y hasta denuncia tibiamente su secuestro, pero éste viaja y se instala en su nuevo club brasileño, hace declaraciones altisonantes de autopromoción y se fotografía con su nueva camiseta.

El resto de la vida de los clubes es un vende tutti rayano en el delirio con incorporaciones casi nulas ya que el ascenso de los precios internacionales aún por mercadería de descarte ha dejado al mercado interno fuera de toda circulación. Desde insólitos mercados emergentes como el del fútbol griego parecen llevarse cualquier engendro criollo de carne con ojos que patee una pelota. Me pregunto: ¿en Europa nadie juega al fútbol? ¿Ya Africa no es fuente de ingreso de jugadores? ¿Existe alguna prohibición por la cual no se permite la práctica en el resto del mundo? ¿Como puede ser que entre tantos millones de habitantes no haya un 5 que le pegue para arriba un poco mejor que estos que se llevan? ¿Tanto dinero ganan allá en otras profesiones que los chicos jóvenes descartan al fútbol como medio de vida? Me resulta inexplicable tanta avidez de consumir los cortes futbolísticos argentinos, no ya solamente los de exquisito predigree, sino la faena de simples burros de carga, torpes corredores que volantean y deambulan sin pena ni gloria en algún club de estas pampas y son más puteados que aclamados por sus horrendas perfomances.

¿Será que la estirpe genética del futbolista argentino siempre entrega un plus? Más bien creo que son los ejemplos de las fortunas que ganan las estrellas los que educan para una brutal competencia selectiva y producen un standard de pateador de pelotas con alta carga de egocentrismo capaz de ir a jugar hasta en la luna contra los meteoritos si hay buen dinero.


agosto 23, 2009

El infame encanto de opinar


Andaba un poco alejado de los enredos -por no decir puteríos- del mundillo literario. Pero aquel gelatinoso universo de estrellitas y estrellados siempre es fuente de jugosas polémicas y uno no es de madera, a veces siente que necesita alimentarse un poco. Tal es así que di con este episodio a través de El Fantasma y me dispuse a entrometerme sin medir las consecuencias.

Resulta que en torno a un comentario de Quintín en Perfil sobre el libro "Siete días en el mundo del arte" de Sarah Thornton se armó un revuelo bloguero considerable debido a unos juicios negativos emitidos por el susosicho respecto de la traducción y la traductora del libro, Laura Wittner. La reacción principal vino de parte del Club De Traductores, y fueron sucediéndose los posts que armaron un profuso debate.

Muchas veces me he referido a los insustanciales parloteos “literarios” de Quintín y su labor bloguera; el tipo es un comentador superficial, un degustador que comenta al pasar y tiene cierta manía por calificar todo lo que pasa por sus ojos. Como además colorea sus pareceres escritos con divagues, datos, citas y referencias inconsistentes pero abultadas -que conforma ese magma que para el vulgar público lector es señal de “inteligencia”- suele adjudicarse a sus escritos categorías de ensayo crítico y darse a su opinión una supuesta “influencia cultural”. Se trata de una fantasía a la que recurren los que no conocen la diferencia precisamente entre un trabajo crítico serio y un comentario de entrecasa.

Pero poner esto en evidencia no implica por añadidura simétrica ofrecer la aprobación al trasfondo que dejan lucir las opiniones reactivas que pretenden defender el trabajo de la traductora cuestionando el acto mismo del ejercicio de la opinión o el comentario crítico. Si ponemos aparte por un instante las calificaciones del circunstancial opinador veremos que el caso pone en evidencia cierta zona errónea del ejercicio público del libre pensamiento. Rescato la respuesta de la propia Wittner que me parece obra en sentido de ofrecer un argumento de contraste y ponerlo a disposición de quién quiera leerlo y compararlo con las afirmaciones de Quintín. Lo que no me gusta es la reacción de tipo corporativo que trasuntan algunos comentarios, el típico malestar apocalíptico que se produce cuando se opina negativamente de un trabajo que es ofrecido públicamente y es por lo tanto opinable.

Rige en apariencia un supuesto código cuya regla de oro establece una rara especie de censura: “se debe opinar a favor o no se debe opinar” Aparecerá en primera instancia el gran argumento: no se cuestiona el contenido crítico de la opinión pero si la ligereza metodológica con la que se la emite. A primera vista suena muy coherente, pero me temo que se trata de una excusa en busca de protegerse de las opiniones. Cuando se opina a favor, aunque sea algún breve fraseo elogioso ¿también se le exige al opinador seriedad en la investigación y rigor metodológico en el análisis? La reacción me parece desproporcionada; sólo aspira a no ser criticado aquel que se cree con más derechos que los demás y pretender estar protegido de toda opinión negativa de los demás es una actitud corporativa con reminiscencias fascistas.

Lo peor de todo es que se apele a la chicana de la victimización cuando se afirma que una opinión negativa pone en juego la suerte laboral de la persona criticada. Nadie debiera recibir este condicionamiento a su libre opinión, es una falacia afirmar que el que publica un comentario adverso se hace acreedor a la responsabilidad de poner en riesgo el trabajo del opinado. Por otra parte, si esto fuera así, implicaría elevar a los comentaristas dominicales –precisamente a quienes se pretende poner en evidencia por su ligereza de análisis- a la categoría de poderosos e influyentes manipuladores capaces de sacar del mercado editorial a una traductora por el solo hecho de decir que algo no les gustó. En el caso particular de Quintín está influencia –por suerte- estaría limitada a un minúsculo puñado de mentecatos adulones.


Fútbol para todos, o la insoportable imperfección de la realidad


No se si imperfecta es la palabra correcta, pero es la primera herramienta expresiva que viene a mi mano en este ejercicio de pseudo reflexión acogotado por el tiempo que pongo en marcha, casi de emergencia. Se trata de intentar describir ese abrumador nudo que entorpece la elucidación aprobatoria o condenatoria de las puntualidades políticas complejas en una sociedad. En latino américa nunca fue fácil poder ceñirse a los modelos ideológicos desarrollados en Europa. Aquí las cosas siempre vinieron mezcladas de un modo enrarecido. La izquierda aquí jamás logró penetrar en el sentido común de las clases populares a pesar de ostentar uno de los discursos progresistas más desaforadamente a favor de los desposeídos de todas las izquierdas del mundo. Los liderazgos populistas, muchas veces al borde del autoritarismo, han convivido en general con altos niveles de corrupción personal, pero fueron también los que pudieron establecer algunos destellos de redistribución de ingresos que implicaran un relativo beneficio a los sectores más desfavorecidos del reparto de felicidad.

Las medidas de gobierno son imperfectas y contradictorias por naturaleza ¿pero que sucede cuando esas imperfecciones se traducen en contradicciones brutales, en la consumación tanto de ofensas como de defensas a unos valores que uno considera esenciales? ¿Se puede ofender un valor y al mismo tiempo defenderlo? Si se es corrupto pero a su vez se obra a favor de intereses populares ¿dicha corrupción queda mitigada en su consecuencia? Si alguien es sano y honesto pero obra a favor del poder económico concentrado ¿qué ponemos por delante a la hora de formar nuestra opinión sobre él? Demasiada densidad de interrogantes para ser trivializados en una breve jerga de entretenimiento. La vieja y querida colusión de principios

Esta inquietud me llega a propósito del reciente cambio en las transmisiones del fútbol argentino. Medida imperfecta si la hay que inmiscuye inorgánicamente al estado en una forma bastante oscura en la televisación de unos espectáculos futbolísticos junto a una más oscura aún entidad rectora de dicha especialidad. Si no hubiera otras prioridades evidentes que atender es obvio que le llegada del deporte mas popular a través de canales abiertos es un asunto deseable e importante hasta a un nivel simbólico y psicológico. ¿Será la hora de contentarnos con pequeñas revanchitas para sentir una sensación representativa de algún grado de liberación?

Advierto que ciertos escenarios promueven casi compulsivamente que formemos opinión a partir de sensaciones y no de razonamientos. Es que esa parece ser la propuesta de esta era del hiper-mensaje mediático al que todos los estamentos de la comunicación pública se adhieren; someternos a escenas de alto grado de estímulo para que nuestras respuestas de basen en reacciones emocionales antes que en puesta en juego de los resortes de la razón que permitan desplegar un calmo y detallado cotejo de valores y referencias. El sólo hecho de haber sepultado esas execrables transmisiones televisivas de los partidos ciegos, donde se relataba con vibrante fervor mientras la imagen remitía a una tribuna -obscena alegoría del propio poder de control del goce ajeno que era capaz de imponer- paga a favor de esta medida a pesar de que encierre tal vez monumentales incongruencias.



agosto 22, 2009

La república descerebrada


Repugnante espectáculo resultó el fallo sobre Cromagnón. Con el deplorable fuck you de la madre de Fontanet a los familiares de las víctimas incluido, todo fue pasto para que los descerebrados tengan algo que festejar; triunfo de la república del primitivismo y el hacer dinero de cualquier forma. Fallo populista y tribunero que entregó apenas un poco de sensación de racionalidad ante las condenas de Chabán, el manager y un policía, pero una densa oscuridad en la impunidad absoluta para los asesinos que tiraron las candelas -a los que nadie se preocupó en individualizar- y los que los instigaron a hacerlo con una campaña bastarda de agitación tribunera que no medía riesgos sino dividendos económicos. Ninguna lógica razonable explicará el por qué de una condena al manager y ninguna a los integrantes de la banda.

En este artículo puede que Eduardo Fabregat no acierte en todo, pero al menos siento que se acerca a la misma sensación que siento.