El lugar donde he sido mandado a vivir sin ninguna experiencia previa en el medio de la más huérfana inconstancia. El que me obliga a tomar por sorteo hasta la más inocente de mis decisiones, como la de creer en la más pálida idea...

agosto 10, 2010

¿El nuevo campo de la batalla?


En Phantom Circus, Omar Genovese disecciona buena parte de la viscosa arquitectura del fenómeno comunicacional Twitter.

“Twitter, en la acción política del ministro, tiene aires de Asamblea Permanente, de debate crítico constante respecto al interés común de la Nación; pero en lo fáctico, en la lectura de su constante emisión, representa un estado recurrente del género televisivo serial en torno a lo justo y que llega como tradición del imperio: el Juicio Oral. Y en los juicios orales la rapidez mental de los representantes de las partes juegan un rol dinámico, competitivo, para obtener un fallo del jurado (hombres comunes puestos a juzgar, obligados por su rol de ciudadanos) más allá de la verdad en toda causa judiciable”

Lo peor; el poder que determina la agenda de la sociedad desde los grandes medios tradicionales invade y acapara una herramienta otrora dominada por el confluir desconocido de voces. Una nueva pérdida sufren las bases desnudas de la Sociedad Anónima en su flujo desangrante que cede el fluido de su libertad en forma ascendente hacia la cresta de la pirámide que sigue acaparando el control de toda emisión. Los blogs, por ejemplo, están fracasando en su tarea de armar una agenda alternativa porque recurren desesperados de inspiración a los grandes medios para calmar su sed de contenidos. Inhibidos por la titánica tarea de sostenerse con esfuerzos individuales aislados y amateurs se atomizan en infinitas pulsiones mínimas de actividad, de respiraciones acosadas por la necesidad de sobrevivir. Los mecanismos de dependencia y sumisión a la autoridad del mensaje regente están demasiado enquistados en los emisores que como autores ignotos no pueden superar su complejo de inferioridad frente a lo establecido por las voces autorizadas, ni siquiera en un nivel ficcional. El linkeo a medios, la desesperada necesidad de contar con una referencia de alguna voz mediáticamente consagrada, aunque sea en tono de crítica sarcástica, ratifica al poder como monarca productor de la agenda.

El formato de afirmación desafiante y confrontación mordaz impuesto se infiltra en la red social como la peste, el twitteo es la prolongación de la pelea dialógica mediática que constituye el formato popular por excelencia de entretenimiento audiovisual. El típico enfrentamiento de egos de las vedettes mediáticas, la confrontación sofística de trozos breves de discurso que imponen los programas de archivo, deambulan en estado de juicio oral permanente como señala con precisión quirúrgica el texto de Genovese, hallan la extensión hacia la tensión hiperpolítica, fase inevitable del estado de hipercomunicación. El influjo de esta forma de comunicación alcanza a los diarios que incorporan la ironía descalificadora al adversario cada vez más en la histórica neutralidad explicativa de sus títulos.

Las consecuencias darwinianas son por un lado el desarrollo de las armas de la combatividad irónica, prevaleciendo los más hábiles en el uso de la breve réplica descalificadora y la agresión ingeniosa revestida de humor siempre baja una platea-jurado permeable al goce de dichas articulaciones con cierta capacidad de asignar valorizaciones a la eficacia que puedan generar un estado de duda equilibrante. Porque si bien es obvio que dichas valoraciones son evanescentes y el triunfo o la derrota política no podrían provenir de la capacidad del ingenio en convencer al enemigo de su error cuando las asignaciones de preferencias en lo político en la sociedad argentina se establecen desde identificaciones viscerales arraigadas en pulsiones humanas profundas —como la avaricia económica, el odio racial, el resentimiento del fracaso, el revanchismo social más salvaje, incapaces de cambiarse por una ironía jocosa y afortunada del enemigo—, es posible sin embargo sostener dramáticamente la duda que alimentará tal vez a los indecisos, y apuntalará el combate básico del binarismo: que a toda verdad se le puede descubrir una mentira.

“En una red conformada con sujetos estáticos tras una pantalla que los tiene cautivos, ¿la escritura permite alguna acción real por fuera del significado? ¿Alguien inventó la palabra bomba capaz de atentar contra el orden de las cosas? Entonces llega la trascendencia de una acción sencilla del poder lector: shut down”

Como finaliza el artículo; el interrogante dramático es que esta modalidad que implica la cancelación del desarrollo de ideas —no ya del debate, instancia ulterior que se ve inalcanzable— determina unos grados intensos de embriaguez social; la paralización de los mecanismos de la acción en tanto la hiperconectividad desvirtúa las distancias relativas entre los desposeídos de toda influencia y los glotones acaparadores de control. La pseudo fraternización que brinda el contacto infinitesimal de la red con las figuras que encarnan el discurso del poder produce la sensación ficticia de cercanía influyente, como los que creen que porque alguna estrella mediática les regala en la vía pública la posibilidad de dirigirles algún regaño ya dejaron de pertenecer a su círculo de explotados.

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