julio 16, 2009

Testeo



¿Alguna ve te hiciste un test de Coeficiente Emocional?

julio 11, 2009

Alegría y revolución


Entre agrios agoreros y tontos cultores de la resignación, si estas palabras hubieran sido unidas alguna vez, que distinto hubiera sido todo...



julio 09, 2009

In memoriam





Hasta siempre....

"El humor es un recurso de la desesperación"

Gabriel Báñez ( 1951-2009 )


El menor de los análisis XIV


La mutación de los íconos literarios de lo políticamente correcto - De la empleada doméstica y el obrero de la construcción a la puta y el cartonero.


La puta es artista, es revolucionaria, es portadora del sagrado grito de la marginalidad, es militante del gremio de las putas sin estar afiliada. La cocinera, la obrera o la limpia culos ajenos que trabaja en una casa, en una fábrica o en un hospital cumple políticamente peores condiciones pero ya nadie la toma como heroína social, al contrario, se la ningunea con cierto desprecio como amonestándola por no rebelarse, por asumir su condición de modo resignado, por ser obediente a las reglas laborales y encima que su mayor aspiración es que la pongan en blanco, que la legalicen como engranaje de la marmórea institucionalidad burguesa. A la puta en cambio se la pone como ejemplo de mina que se rebeló, no sabemos contra quién, pero así la han montado. La puta hace carne el deseo oculto de las masas de entregarse al hedonismo, por eso en las votaciones que miden el aprecio popular respecto de diversas tipologías de mujeres -tipo Gran Hermano u otros reality shows- gana siempre la más puta, y por supuesto las putas han demostrado ser en los últimos tiempos unos referentes esenciales a la hora de asegurar rating televisivo.

La puta es la nueva heroína marginal aunque los fríos números digan que generalmente ganan más que el resto de las obreras y marginales, y que de pronto se vuelvan empresarias de si mismas; con un polvo de tres minutos ganan más de lo que saca en una semana una costurera que se desoja quince horas diarias en una máquina de coser dentro de un “taller” que no es otra cosa la mayoría de las veces que una minúscula bóveda explotadora ruidosa e irrespirable.

Las putas, por lo general, están buenas; ni el más desafortunado de los hombres imposibilitado de obtener en el mercado de las relaciones de pareja una extracción de sus reservas seminales pagaría un peso por un bagallo atroz. Es un hecho que no todas pueden elegir ser putas; es una profesión que discrimina penalizando a las más gorditas, flaquitas, feas, desdentadas o con pechos caídos. Las putas venden un producto de alto valor de mercado y en general alcanzan ingresos astronómicamente superiores que una planchadora o una costurera, por lo tanto su cacareado proletarismo es una farsa como así su rebelión ante las leyes del mercado. La puta es un ejemplo del más puro individualismo capitalista ya que un buen culo y unas buenas tetas equivalen a la posesión de un muy rentable medio de producción.

Pero cierto es que no todas las putas pueden trabajar en forma independiente. Muchas son explotadas por crueles proxenetas que llegan a constituir verdaderas organizaciones delictivas donde se las somete a coacción y malos tratos. Aún las que pueden trabajar por su cuenta padecen los riesgos del oficio: no todos los clientes son jóvenes apetitosos, hay que ir con viejos, feos y enfermos incapaces de calentar a nadie, borrachos que se ponen violentos y exigen cualquier cosa porque pagaron unos pesos, tipos con pésimo aliento. Es cierto pero ¿por qué las putas son el nuevo emblema de lo políticamente correcto? Nadie puede saberlo, los escritores progres las adoptan día a día, se escriben ensayos, novelas y tratados para rendirle homenaje y el mercado las acepta. Me olvidaba, existe una máxima posmoderna no declarada pero que se garantiza tanto su cumplimiento como su inconcienia; que dice que lo políticamente correcto debe al mismo tiempo ser buena pieza de mercado, y esa regla sin que nadie se atreve o violarla en el reino del progresismo populista y regresista, idiota útil del poder de turno.

Por el lado de los hombres no se observa una obsesión literaria tan marcada en posicionar alguna profesión como emblema, si bien los travestis ha ganado espacio así como también los cartoneros que van reemplazando en el paradigma posmoderno a los ya recontra pasados de moda mineros y obreros industriales. El traba que lucha para que lo dejen tener sexo en la vía pública reemplaza al minero que lucha por el salario y las condiciones de salubridad de su trabajo. ¿Por qué chupar pijas en la calle es más heroico que palear hormigón doce horas diarias al rayo del sol o soldar hierros colgado de un mísero arnés a 20 metros de altura? Lo que se califica en estos casos el grado de desaprobación social que cada actividad obtiene y su estrella mediática; el traba realizando una actividad que una mayoría repudiará escandalizada tanto como su curiosidad morbosa resulte excitada. En cambio, el sufrido obrero establecido en actividades "serias" obtendrá un mayoritario consenso aprobatorio de la heroicidad de su práctica pero envuelto en la punumbra gélida del más cruel anonimato. Aprobación que no se traslada a un lógico aumento de su remuneración sino a un acto de compasión legitimador de su condena. Diez horas por día en el socavón de una mina es sin duda más dañino para la salud y aterrador que caminar las calles juntando cartón en las noches, pero ambas tareas resultan abismalmente desiguales en su posmoderna capacidad simbólica; hoy día aquello que no escandaliza no alcanza a sensibilizar a las masas mediatizadas.


julio 03, 2009

El argentino como factor de riesgo II


No me gusta la idea de despreciar la prevención respecto de la gripe A aduciendo que también se mueren chicos de desnutrición , mujeres por abortos clandestinos y otros flagelos que afectan a los más desfavorecidos en el derrame del mercado. No es siendo indiferentes a un riesgo que vamos a solucionar otros. Como todo virus, este expone más a los que ya tienen enfermedades, a los tienen el sistema inmunológico deprimido, a las embarazadas, a los que están sobrellevando recuperaciones de otros cuadros; es decir a los más débiles. Me parece que no tiene sentido negarle atención a estos débiles para salir a cantar el sempiterno lamento por los otros débiles, que aparte y obviamente, forman el segmento más vulnerable también por la desnutrición que disminuye sus defensas y su desprotección médica general. No es una debilidad contra otra, no mezclemos la frivolidad paranoide que muestran las clases acomodadas cuando sienten tambalear su brillante castillito de plástico con los riesgos a los que se expone a la población en general. Aquí estamos frente a hechos bien concretos; se trata de la hijoputez negligente de las autoridades responsables a las que no les calienta jugar con la vida de los otros. Sea para no dar solución a los padecimientos habituales o para no tomar las acciones debidas frente a estas nuevas amenazas.

El bendito barbijo. Debemos exigir que se nos explique si su uso es una boludez o está avalado científicamente. ¿Por qué no se entrega una información médica sólida sobre la verdadera utilidad del mismo bajo qué circunstancias? ¿Por qué tanto galeno incoherente apareciendo por los medios sin poder fundamentar una respuesta concreta y sólo escupiendo ambigüedades que nada explican? ¿Cuándo, cómo, para qué y por qué es útil? Pero del otro lado, ridiculizar el barbijo sin fundamento científico ante una enfermedad infecciosa es como ridiculizar el preservativo con el sida; ¡no se ponga nada, dele, coja sin forro que si contagia al otro total es joda! ¡Usar forro es cosa de tilingos burgueses asustados!

La misma cultura que desprecia las medidas de seguridad y se caga de risa para hacer negocio y mete una bengala en un lugar cerrado, es la que puede caer en la estupidez de tomar esto a la ligera. Obviamente que estas cosas despiertan paranoias extremas y todo tipo de miserias y medianías humanas, pero tampoco vayamos a creer que es broma; se trata probablemente de resultados de manipulaciones de laboratorio que practican estas siniestras joditas como la de dejar escapar virus mutados de animales a humanos, como para asegurarse más dependencia, control y negocio por un buen tiempo.


El argentino como factor de riesgo


Una pandemia para una larva antropológica como el Sujeto Hargentino es algo explosivo. No existe a la vez entidad psicofísica tan paranoide para abrazar terrores apocalípticos a la menor escaldadura de su pielcita perfumada, como tan rebosante de omnipotente necedad para minimizarlo todo y renegar de cualquier medida de prevención. Aceptar que atarse dentro de un automóvil es algo racional llevó años de psicoanálisis y desmembramiento de teorías conspirativas; digerir esta espantosa confusión de negligencia con ignorancia oficial promete ser aún más ardua.

Cunden los regueros de terror ciudadano al oler que estamos en manos de puercos mercaderes. Los barbijos a 15 pesos, la reventa de alcohol en gel a 40, que se viene el tráfico de Tamiflú y Oseltamivir, que no te dicen la verdad y hay cadáveres amontonados en los hospitales. ¿Y si nos inoculamos el virus y vamos todos a Plaza de Mayo a tosernos encima?





junio 28, 2009

Elecciones


En el ocaso de la decepción
bajo el manto corrupto
que nos abriga
modula una voz
efímera y familiar
de prolífica remediación
de la medianía...

Encrucijada tonal
embarque en seco
farsa irresoluta
de la decadencia...

La opción
enemiga impostora
de la trascendencia
nos incrimina y condena
en el acto de existir
tiernamente heridos
ausentes y coléricos
en el desvelo...

A la salida del tamiz
solo encontramos
los restos abortivos
de la libertad
donde nos vemos
desfiguradamente
reducidos:
agentes libres
o peones de estancia..

De gestación bloguera


Con textos que reconocen un pasado bloguero, David Wapner estará presentando su libro "Tierra Metida" junto a Juan Terranova y Omar Genovese, el 2 de julio de 2009 a las 20 horas en Archibrazo, Mario Bravo 437, Buenos Aires. Más detalles aquí

 
Buzzear (AR)