El lugar donde he sido mandado a vivir sin ninguna experiencia previa en el medio de la más huérfana inconstancia. El que me obliga a tomar por sorteo hasta la más inocente de mis decisiones, como la de creer en la más pálida idea...

diciembre 19, 2007

EL PRO en la cultura: relato y reflexión

El filósofo español Eugenio Trías señala algunas cuestiones generales interesantes en un artículo dedicado a analizar “Derecha española y cultura”. Afirma que las derechas totalitarias de este siglo tenían las ideas bastante claras respecto de la cultura. Caso de Hitler con Albert Speer, su doble transferencial, detrás del cual había un proyecto escénico, estético y político, con un empeño neoclásico que viniera a “limpiar” el «arte degenerado» propio del Movimiento Moderno a la vez que fuera símbolo del nuevo poder. Luego pasa revista a una comprobación: las derechas liberales no tienen proyecto cultural. La cultura es algo que se desarrolla en los márgenes opositores, por ello termina siendo naturalmente un asunto de interés de las izquierdas, la derecha es hostil –cuando la cultura se politiza- o directamente desinteresada. La idea de cultura de la derecha es ramplona, superficial.


Concluye Trías que quizás ese fondo de desinterés y fastidio que la derecha histórica siente por el aspecto cualitativo de la cultura se deba menos a convicciones de sano ideario liberal que a arraigados hábitos de desidia y desinterés. La derecha no entiende, no le entra en la cabeza que algo pueda hacerse por otro fin que el de lucro.

Por último, considera que la cultura debe mantener su plano de reserva de independencia crítica de la sociedad; ni ser apéndice del mercado como un negocio mas medido en términos de eficiencia de su tasa de ganancia, ni un instrumento atado a sostener proyectos políticos.

“De hecho la cultura, cuando lo es de verdad, cuando se puede evaluar por su calidad, ejerce siempre esta función, imprescindible para la regulación de los valores de la conducta social. Es siempre cultura crítica”. “Cuando este concepto de cultura crítica desfallece, el proyecto político con relación a una posible política cultural suele bascular, de manera dramática, entre los intereses sectarios propios de la ideología partidista y la apelación al más fácil y socorrido de todos los veredictos: el del éxito coyuntural inmediato; de naturaleza comercial”

“Entonces la cultura, al perder su función crítica, convertida en objeto masivo y masificado, es arrastrada por la tiranía de los índices de audiencia”


Demonización, divino tesoro

La peripecias en torno a la política cultural del PRO en la ciudad de Buenos Aires despiertan interés no sólo como objeto de reflexión sino como relato de aventuras. Antes de cargar las tintas dedicaré un capítulo a cuestiones relativas a la demonización ideológica y biológica de Mauricio Macri, fenómeno que considero paradójicamente uno de sus máximos capitales políticos.

Como buen amante de las preguntas sencillas y directas siempre me impactó por qué a toda la progresía argentina se le aparece más monstruosa cualquier derecha cuando está fuera y no dentro del peronismo. El caso de Macri es el ejemplo paradigmático. ¿Es más de derecha Scioli que Macri? Es diferente. Si, obviamente, ¿pero su origen cual es? ¿las barricadas neomontoneras? No. Hijo de empresarios, este ex corredor del campeonato europeo de motonáutica -donde se codeaba con la familia Rainiero- fue el abanderado en la primera promoción de la universidad Menemista en la carrera de “farandulismo político neoliberal”; sólo que es bastante más simpático que Mauricio y bajo los mandos transversales es un obediente muchacho K “no vas a comparar che”.

Estar fuera del peronismo es estar fuera del paraguas populista que al menos en Argentina contribuye a guarecerse de toda lluvia políticamente incorrecta. El peronismo es el cordero de Dios que lava todos –o casi todos- los pecados del mundo; y como prueba del milagro hágase un Borocotó. Recordemos los secretarios y colaboradores de cultura de Menem. Pacho O’Donnel por ejemplo ¿fue execrado en los ámbitos culturales por ocupar cargos? La sensación ahora fue que la gente con cierta reputación cultural que cuidar huyó despavorida antes de ser blanco siquiera de un ofrecimiento de Macri que por sí sólo constituiría una incineración pavorosa. Pero si el ingeniero boquense se hubiera metido dentro del peronismo seguramente no hubiera sido demonizado y el progresismo lo hubiera comenzado a ver con mejores ojos. Pasó con Rico, pudo haber pasado con López Murphy –que aparte de la cara de bulldog tuvo la desgracia de ser radical- y por milagro no pasó con Patti. Sucede que el continente peronista relativiza hasta tal punto el contenido que algo que es una semiplena bazofia en estado autónomo puede llegar a convertirse de pronto en otra cosa moderadamente presentable bajo el influjo colectivo de su protección.

El peronismo tuvo históricamente el control absoluto del DPPA ( Discurso Político Popular Argentino); a tal punto que él decidió cuando algo era popular y cuando no lo era. Y la primera víctima de ello fue, es y será la izquierda; sea ésta del tenor que sea: marxista, trotskista, extrema, socialista, moderada, anarca, verde, liberal o socialdemócrata.



El PRO en la cultura

El PRO se mostró en toda su corta trayectoria como un carenciado en materia cultural, mas que cualquier otro partido de derecha. Por eso tarde o temprano cayó por su propio peso su concepción mercachifle de la cultura, tan poco presentable hasta para las propias tradiciones de la derecha liberal aunque guarde una caracterización católicamente correcta. Ignacio Liprandi, obviamente empresario y licenciado en administración de empresas, fue el que confeccionó la plataforma de cultura del PRO que contenía un conjunto de buenos planteos conceptuales, pero se tuvo que abrir porque notaba que nadie le daba bola y encima era rechazado por el ala católica de la agrupación con Santiago De Estrada a la cabeza, quién seguramente habrá puesto el grito en el cielo “negocios sí, pero tampoco el libertinaje che”. El intento más sonado de reclutamiento fue el Luis Rodríguez Felder -titiritero, filósofo aficionado, editor de libros de cocina y maquillaje- quién no tuvo mejor idea que atacar el arte conceptual y las vanguardias, blandiendo a la eficacia y la rentabilidad como banderas. Los cuestionamientos recibidos desde el ámbito de la cultura determinaron su eyección anticipada. Luego hubo datos sobre un ofrecimiento rechazado por incompatibilidad de caracteres ideológicos: el de José Miguel Onaindia, director del Centro Cultural Ricardo Rojas. Finalmente designó a Hernán Lombardi para adscribir cultura al área de turismo.

¿Es casual que se una con turismo? Podríamos pensar que es casual y que obedeció a una maniobra de emergencia al no conseguir alguien presentable específico para cultura pero ¿por qué no la juntó con educación o con desarrollo humano? La concepción mercantilista entiende que la única prioridad es promover otra “industria sin chimeneas”, aunque lo que termine después sucediendo sea la promoción sólo de chimeneas para que inunden la escena de puro humo dejando de lado los engranajes de una verdadera industria. La mirada se focaliza en la manipulación del producto cultural terminado y no en sus fases de formación y gestación. Ronda el concepto topopoderoso de “espectáculo”. Por ello en este esquema la cultura es una oferta más junto al turismo cumpliendo el rol de ser una parte del merchandising que lo acompaña. La obsesión es incrementar la OFERTA de lo que más se vende: Rimbombantes recitales, eventos grandilocuentes, comercio de obras de arte y objetos, exitismos, estrellas aduladas y pagado de suculentos cachets a figuras y figurines para desparramar entretenimiento a troche y moche. La excusa “social” es hacer más accesible el consumo de cultura. Esto es en sí mismo un logro deseable, pero absolutamente incompleto e insuficiente sino va acompañado por fuerte política dirigida a la articulación del semillero de su propia génesis ligada al desarrollo social.

Lo que ha dicho Lombardi en entrevistas es:

“Todo turismo es cultural… Hay que vigorizar la MARCA Buenos Aires”
“Otro punto que me parece ineluctable es asegurar el consumo de bienes culturales a aquellos que no tienen posibilidad de consumir ningún tipo de bienes. Si no interviene el Estado, nadie lo resuelve”

Dos veces la palabra consumir. Consumir, distribuir productos terminados. De producir ni hablar.

La kermesse de los barrios

De “lo barrial” en cultura se suele decir con simpatía que es una instancia de constitución de identidad ciudadana. Para mí es muchísimo más que eso, sólo que está muy instalada la desvalorización implícita que significa relegarlos a límites que no van más allá por un lado del pintoresquismo folklórico y por el otro del sesgo asistencialista. Cualquier acción barrial efectora de cultura ( abarcando desde la capacitación hasta la producción cultural) forma parte del tejido más trascendente de su constitución. Son algo más que los embriones; llegan a conformar plenamente a fase de nacimiento y maduración. En definitiva, una floreciente base de operaciones culturales, inclusiva desde lo territorial hacia lo social, es la mejor garantía para desterrar esta política cultural miope basada en subvenciones al consumo de productos terminados que emanan de los centros principales.

5 comentarios:

Alberto dijo...

desde mi experiencia, tendrías que adjetivar un poco mas la palabra ¨cultura¨. Históricamente, y creo que en casi todo el mundo, la derecha, especialmente la que es de clase alta, tiene un acceso asiduo a ¨la cultura¨, desde la ópera hasta el teatro, desde el cine hasta los conciertos, desde el ballet hasta charlas y museos.
Vos citás ¨La derecha no entiende, no le entra en la cabeza que algo pueda hacerse por otro fin que el de lucro¨, pero eso no es necesariamente algo cierto. Se ve en conciertos del Mozarteum, en mecenazgos, etc.
Me parece que lo tuyo está mas dirigido a la cuestión del acceso a las actividades culturales como algo que el estado brinda los ciudadanos. La pregunta que se hace la derecha podría ser ¿por qué pagaría el estado? o ¿para que gastar en estos que igual no van a entender la cultura de verdad?

saludos

Alberto dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tino Hargén dijo...

Hola Alberto
Adjetivar cultura daría para todo un ensayo. En el marco de este breve artículo sólo enfoqué algunas aristas. En cuanto a tus observaciones yo creo que no es lo mismo la derecha liberal cuando actúa en cultura en el marco de una concepción de la política y del estado, que comportamientos particulares de la “clase alta” en cuanto a su forma de cultivar los bienes más reputados de la cultura como la música clásica, los cuadros o las esculturas; bienes que se asocian a su condición de clase. La frase mía que citás creo que no se desmiente con los ejemplos que das. La derecha liberal mira a la cultura desde un espejo deformante ligado a su propia filosofía de asignación de valores donde la ley fundamental es el fin de lucro; un pianista o un pintor top se forman para ser exitosos en un determinado mercado top ya establecido, para ofrecer el mejor producto top demandado y hacer fortuna; les importa un carajo si eso contribuye a ampliar los horizontes del arte musical. Eso no quita que haya contribuciones individuales valiosas a institutos de excelencia cultural, especialmente en Estados Unidos y Europa, pero no responden a una concepción política en la que el estado deba interesarse en la gestación social de la cultura, y repito que no estoy hablando desde una concepción asistencialista ( “el tallercito de teatro en el barrio para dar contención a la gente humilde”) sino de una que apunta al mismo tiempo a un ideal de máximo desarrollo, difusión y calificación en todas sus etapas.
Patrocinar un grupo de música clásica, una muestra de arte o becar al nene prodigio que toca a Bach a los 5 años no son referencias que indiquen algo diferente en su concepción de la cultura en cuanto a política de estado.

Saludos
Y gracias por leer y comentar

werte dijo...

A mi modo de ver, la gestión de Macri en la ciudad probablemente sea mejor y en muchos sentidos más progresista que los engendros del "progresismo" oficial porteño, que lo único "progresita" que ha hecho, a lo sumo, es repartir condones. Desde el punto de vista cultural (en el sentido ministeril), el "economicismo" del macrismo sirve a corto plazo para blanquear que en varios aspectos "cultura" en la ciudad ha sido el nombre de una política de subsidios a una serie de consumos de una zona de la clase media.

El horror, el mío al menos, no es al gobierno de macri, sino al macrismo como corriente espiritual, como sintonía con ciertos talantes reaccionarios imperante en las ciudades. O sea, lo desagradable es que se convierta en ideología de un gobierno nacional. Ni siquiera tienen que sentarse en el sillón de rivadavia. En Europa, por decir algo, la nueva derecha no tuvo que "tomar el poder" para que se sucedan una inmensa batería de legislación racista. En la Argentina basta pensar en los retrocesos que implicaría en la reforma del poder judicial, de la policía, etc.. Abrazos, Fabián.

cecilia dijo...

He leído con mucho detenimiento lo que expusiste y a los antecesores, y creo fervientemente que la derecha (si por tal tomamos a la clase más aristocrática seguida de aquellos que no quieren perder beneficios..por eso de que pertenecer, tiene sus privilegios)sí consume cultura sin ánimo de lucro...para ellos...después, para su propio sostén de "estirpe" todo lo mercantiliza a los fines de trazar una línea, la de siempre.
A su vez, es importante recalcar que mercantiliza la cultura que consumen, totalmente ajena a nuestras raíces y miran con desdén, con asqueroso desdén las creaciones culturales masivas.
El fin de la derecha, siempre, es destruír las identidades regionales.
Un abrazo