El lugar donde he sido mandado a vivir sin ninguna experiencia previa en el medio de la más huérfana inconstancia. El que me obliga a tomar por sorteo hasta la más inocente de mis decisiones, como la de creer en la más pálida idea...

julio 16, 2007

A sangre fría



El 28 de junio, antes que Argentina iniciara su primer partido escribí un post que hoy día podría tener valor profético, sin embargo no me atribuyo mérito clarividente alguno ya que no hice más que dar simple lectura a una realidad que aparecía estampada a fuego delante de los ojos por una abrumadora cantidad de pruebas físicas:

“Para ello el singular técnico, que hace todo un culto del trato prepotente y despectivo hacia la prensa, propone una alquimia peligrosa. En su afán de obtener efectividad instantánea ha decidido mezclar juventud y veteranía, pasado, presente y futuro. Pero entre sus convocados me provoca cierta mueca de inquietud que no falten perdedores irrefutables, mufas, soberbios, camarilleros y pechos fríos que uno suponía estaban en hora de jubilarse de la selección.” “Veamos. Insistir con Ayala y Zanetti, veteranos sin proyección de futuro y mariscales de una de las dinastías más perdedoras que haya vestido la celeste y blanca da más que rabia y fastidio, una especie muy singular de resignación”



Pero siempre los sentimientos que despierta un deporte apasionante como el fútbol habilitan esperanzas de reversión; uno imagina que se establecerá una lucha entre esos designios de la fatalidad y las voluntades generosas que tratan de combatirla, ya que en definitiva si no creyésemos que toda maldición deportiva puede revertirse ni siquiera tendría lugar el hecho de inmiscuirse emocionalmente en los vericuetos lúdicos de su disputa. Tal era mi mal presagio acerca del ineluctable y temido final que me abstuve de publicar comentario alguno en el transcurso del torneo, a pesar de varias veces sentir deseos de hacerlo. Así fue que me rondaron algunas conclusiones entusiastas y otras críticas que se me antojaron pasajeras y fútiles. No se trataba de una cuestión de rendimiento promedio, se trataba de esas fuerzas insondables que habitan en el aura de estos deportistas; con Ayala y Zanetti en cancha era imposible ganar una final y lo fue, asi de simple. La actuación en la final fue una defección absoluta en el sentido técnico y anímico. Una falta total de fuerza mental y espiritual para imponer algún carácter. Argentina fue mayormente en equipo impresentable, liviano y flojo en todas su líneas, sin presión en el medio, permisivo en defensa y obnubilado en ataque, sin juego por los laterales y sin variantes en el medio. El único momento favorable fue en el primer tiempo tras el gol de Brasil, con Messi por izquierda se generaron situaciones y la más clara fue el disparo de Riquelme en el palo. Luego antes del gol en contra de Ayala hubo momentos de merodeo en el área verde amarilla y un disparo de Riquelme que tapó brillantemente Doni. El tan cacareado “segundo tiempo” de los argentinos no existió esta vez, el equipo fue una expresión más pobre y más pálida aún que en el primero y de a poco se volvió por completo impotente, sin mostrar nunca tener potencia anímica y técnica para generar alguna esperanza de darlo vuelta, y logrando a duras penas evitar que de contragolpe Brasil hiciera más que 3.

¿Alguien puede explicar como es posible que a los 3 minutos de juego una Argentina dormida que ni siquiera estaba en posición de ataque para poner la excusa de ”nos agarraron de contragolpe” permita que frente a un pelotazo anunciado hacia el flanco izquierdo quede Giulio Baptista mano a mano en el área con Ayala con el resto de los defensores y volantes a una distancia enorme e inexplicable? ¿Adónde etaba Zanetti, marcador de punta? ¿Adónde estaba Verón, volante por derecha? ¿Adónde estaba el otro central, Milito? Luego, soy piadoso con Ayala en la pérdida absoluta del mano a mano debido al mencionado atenuante. Por otra parte desde aquella vez ante el holandés Berkamp en el mundial 98 todo parecía señalar que el destino del zaguero estaba marcado, volvería a perder un mano a mano crucial en el momento que no lo tenía que perder. A eso se sumó la inexistente alta prestación que se hubiera esperado de un Abbondancieri que para colmo tuvo su contracara en el arco de enfrente. Pero precisamente creo que es Roberto Ayala el emblema mayor de la derrota, capitán del equipo y símbolo de toda una estirpe perdedora. Dada su edad y las enésimas pruebas que la vida deportiva le ha dado respecto de ser un perdedor de finales que flaquea en las intancias límites, es de esperar que reflexione y se retire por su propia voluntad de la selección antes de que el empecinamiento ciego de los entrenadores insista con él.


Verón, como era previsible, deambuló todo el torneo entre un caminar y trotar la cancha imcompatible con el alto rendimiento. Promediando todas actuaciones mediocres sumó algún breve destello de estusiasmo en contados momentos como el segundo tiempo contra México. Lo suyo en esta final fue la comprobación de la lógica, sin alma ni juego, sin corazón ni entrega, trotando la cancha totalmente perdido y absorbido por la escena que lo superaba, un aporte nulo tanto en defensa como en ataque. Pero su presencia era mediáticamente necesaria para dotar a este equipo de la unanimidad todopederosa; una cruz fue soportar en la previa periodística la justificación de su inclusión por “lo importante que era para el grupo fuera de la cancha” o “por su experiencia”.


Se vio la indolencia de Riquelme, como era previsible. Tuvo muy buenos momentos en los partidos frente a rivales poco exigentes y defeccionó totalmente en la final mostrando su peor versión cuando más se necesitaba la mejor; carcomido por la marca, impávido y con ese intolerable fastidio ceremonioso ante cada tiro libre perdiendo todo el tiempo posible como si fuera en ventaja cuando lo que estaba era perdiendo y necesitando descontar.

A la gran mayoría del periodismo deportivo se le caían las babas por este equipo ya que se colmaron sus gustos. En primer lugar influyó el hecho que los jugadores se prestaban con inusual amabilidad a todo tipo de notas y reportajes. Los cronistas podían acceder libremente en el hotel casi hasta el cuarto de baño de los seleccionados y compartir intimidades como la piscina. No faltaron los jugadores que jugaban bromas como tirar al agua a un periodista de Fox Sports o llenarle la cabeza de yerba a otro de T y C. Los Bilardistas y Bielsitas tuvieron a Verón, Zanetti y Heinze, los fundamentalistas Riquelmianos como Horacio Pagani a su adorado Román con la 10, los que nos inclinamos por Messi vimos cumplido el sueño de verlo titular que nos privó el chacal Pekerman, los admiradores de la guapeza de Tévez fueron también finalmente recompensados. En lo futbolístico se llegó a elogiar la lentitud y abulia del equipo en los primeros tiempos con el San Benito de “la paciencia” para “mantener la pelota y buscar los huecos”. En realidad esto era un simple eufemisno para llamar a la falta alarmante de cambio de ritmo y justificar un patrón de juego que puede servir para neutralizar en algún mometo el juego pero que tiene más consecuencias peligrosas y negativas que positivas. En primer lugar, el toque lateral recarga el juego sobre los defensores y los obliga siempre a resolver cuando son obviamente los menos capaces para ello. Así fue que se vio por doquier en la Copa esas descargas de responsabilidad de Riquelme, Verón y Cambiasso hacia Heinze, Ayala, Zanetti o Milito que terminaban en pelotazos sin destino. Por otro lado se olvida que al fútbol se juega por tiempo, no es como el tenis donde el final arriba cuando se alcanzan determinados puntos en el marcador.. Perder oportunidades de juego ralentizando los movimientos puede que evite algún riesgo de pérdidas de balón pero disminuye también las chances de obtener situaciones de gol en un tiempo fijo de juego. Se necesita un determinado volumen de juego en relación al tiempo para generar un cierto número de ataques. Por otra parte los huecos no aparecen sólos por el simple hecho de que se rote el balón hacia los costados y hacia atrás, se necesita tomar algún tipo de riesgo vertical en velocidad. Messi y Mascherano creo que cumplieron un papel aceptable y si bien en la final no pudieron sustraerse a las debilidades generales siempre inspiraron alguna esperanza de reacción. De todos modos era obvio que Messi sólo no podía ganar la Copa, y parece demasiado que se espere de él una genialidad por partido para terminar de reconocer sus cualidades individuales de jugador excepcional que todo el mundo del fútbol le reconoce. La idea de acoplar talentos y pensar en un fútbol consustanciado con la manera de jugar argentina creo que sigue siendo sana, pero algo debiera reelaborarse respecto de las caracterísicas de los jugadores elegidos para a que a esa calidad técnica se agreguen otros atributos necesarios para enfrentar con reales posibilidades a rivales exigentes y que definitivamente no posee esta generación perdida.

Muchos no creo que puedan resistir nuevas convocatorias de cara al 2010, Abbondanzieri, Verón, Zanetti, Ayala, Cambiasso son ejemplos cantados de desaparición en las instancias decisivas, habrá que trabajar en el encuentro de nuevas combinaciones en las que pueden incluirse Messi y nuevas figuras emergentes. A Riquelme se lo podría seguir teniendo en cuenta como un jugador más en el medio pero jamás como líder ni menos que menos con la 10 en la espalda. Siempre y cuando se convenza que no alcanza con "ser feliz" para triunfar en la selección y hay que entregar algo más podría ser un buen aporte a un plantel. Ahora si no lo entiende así y sigue en la postura que declara en todos las entrevistas con su insoportable cassette, mejor que se quede en su casa.

“La pelota comenzará a rodar y las especulaciones pueden ser acribilladas por los resultados. Ojalá se produzca el milagro y se tuerzan todas las fuerzas que acechan en el sentido previsible”

Los milagros no nos esperan a la vuelta de la esquina, pero al menos debemos dar el primer paso; que desaparezca una generación de jugadores que ha hecho que siempre Argentina en las finales se muera a sangre fría.

2 comentarios:

Alejandro dijo...

Hola, Julio:

Coincido bastante contigo en tus comentarios, aunque reconozco que soy de los que se enamoró de esta albiceleste por su forma de jugar y su "paciencia". Además, no hay que restarle méritos a Brasil, que jugó con toda la lógica del mundo. No es cierto que ese sea un "equipo B" de Brasil... Es el equipo con el que piensa Dunga, el que refleja su modo de ver el futbol. De hacho,él ni piensa ni en Ronaldo, ni en Ronaldinho, ni en Adriano... Tal vez el que faltó es Kaká, pero adaptado al juego de Dunga: eficacia, dureza, y poco "jogo bonito" inútil.
Argentina debe confiar más en sus valores nuevos, y buscar uan defensa eficiente: las veces que Argentina fue campeón del mundo, tenía una defensa espectacular, que la opacaban los Kempes y Maradonas, pero que eran las que lograron las victorias. Igual Francia, igual Italia, igual Brasil...
Incluso, tenemos el ejemplo de Boca, que quedó campeón con una defensa que sin grandes nombres, estaba bien compenetrada. No como los 4 de argentina, que nunca se relevaban bien. De hecho, es notable que en terder gol de Brasil, quien trata de correr y tapar a Alves, ¡es nada menos que Riquelme! ¿Dónde andaban los 4 defensores????? En fin, lo lamento, pero hay que empezar a pensar de nuevo en un nueqvo equipo, con los grandes valores que sí hay en argentina.
Saludos,
Alejandro Terenzani

Julio dijo...

Estimado Alejandro, en primer lugar muchas gracias por dejar tus comentarios aqui, y coincido en general con tus apreciaciones futbolísticas.

Saludos