El lugar donde he sido mandado a vivir sin ninguna experiencia previa en el medio de la más huérfana inconstancia. El que me obliga a tomar por sorteo hasta la más inocente de mis decisiones, como la de creer en la más pálida idea...

febrero 03, 2007

El bullir de los nombrecitos


El mundo de un trabajador del intelecto que utiliza la escritura como herramienta no es diferente al de cualquier otro esclavo absoluto del reconocimiento. Cabecitas redonditas, aisladas, díscolas y celosas tratando de evitar que la enorme pala mecánica de la aglomerada realidad los levante como todos los días y los mande al basural humano de la intrascendencia, que es el destino terminal cotidiano de millones y millones de toneladas de anónimos residuos. Y en el mundo estético de la escritura la unidad de paisaje físico por la cual se representa a las personas son los nombrecitos propios individuales, que pueblan pantallas y páginas bien escritos y conservados, tratando de burbujear como microbios en un enorme caldo de cultivo indiferenciado, esperando ser agraciados por el beneficio de alguna mutación que los pueda convertir en monstruos captores y devoradores de energía.

Cada nombre y apellido es una fórmula química desactivada. Trabajar, trabajar y trabajar sólo para que esas partículas elementales se expandan y logren ponerse bajo las órdenes de las miradas; una manera de hacerse sustancia a cualquier precio.




Música: Muse Sing for absolution

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