El lugar donde he sido mandado a vivir sin ninguna experiencia previa en el medio de la más huérfana inconstancia. El que me obliga a tomar por sorteo hasta la más inocente de mis decisiones, como la de creer en la más pálida idea...

diciembre 04, 2006

Monólogos del Escritor Arrepentido ( I )

Estas son las primeras declaraciones exclusivas del Escritor Arrepentido. Pidió protección para su ego a cambio de contar toda la verdad de su experiencia como traficante de letras. Su nombre ha sido reservado por razones de intereses estratégicos.


Ginebra con Coca


El Escritor Arrepentido tose apenas. Primero me confiesa que es un fumador curado y que su placa de tórax ha dado negativo de todo peligro. Luego, indeciso, se evade en comentarios de trivial actualidad y de pronto se planta.


- Con el alcohol tengo ahora una relación madura; seria y respetuosa. He bebido demasiado en busca de inspiración ya que aturdido me beneficio con un considerable aumento de mi valentía. Y embriagar, más allá de todo, es mi verbo preferido por esa música textual insuperable donde se mezclan embragues, hembras, bragas, y ese fonema “briá” tan de morder un fruto jugoso. La sobriedad me vuelve rígido y opaco, me hace ahogar como rata en un laberinto absurdo de desgano y sedentaria saciedad. Con las copas adentro, en cambio, algo se tiñe de naranja en el techo de mi cabeza y galopan toros hasta dictarme, una a una, las triquiñuelas que me permiten escapar a una especie de impiedad de lo revelado. En tantos años de profesión jamás me tragué ningún orgullo, y se que de las traiciones no estoy exento, a pesar que tomo las más brutales medidas preventivas.

Harto de la razón, escribí un tiempo poesía. Porque estaba harto de querer ser claro, de tener que ser claro. Harto de las palabras que debía entregar por odiosas razones de debilidad, es que escribiendo me rendía ante la evidencia de la interpretación. Se trataba siempre de la necesidad de decir, que es cruel, tiene cara de hereje, porque toda cosa contada se vuelve estupidez, se vuelve ordinaria, se denigra en su trascripción. Y uno empieza a madurar la decisión de renunciar a la narración de lo obvio, y comienza a experimentar reacciones alérgicas a los finales cerrados, deja de comer postres, y siente asco por los que leen hasta reventar de llenos. Uno se da cuenta que hay gente que lee tanto pero tanto buscando asir lo que jamás habrá de encontrar. Y siguen así, leen hasta llenarse y vomitan, son bulímicos de la lectura. Causa y efecto, uno debe salirse de su góndola deslizante y estrujar la sintaxis como un trapo de rejilla, para dejar de sentirse culpable. ¿Son los libros los culpables de este aburrimiento abismal que siento al transitar una indolora tolerancia? Lo que más suelo extrañar son las fisuras conceptuales de mi infancia, el cadalso de los festivales, la masturbación jocunda de la conciencia hecha tiempo interminable. Lo interminable. Eso, lo interminable...

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Es cierto, sólo nos queda arrepentirnos (¿y lo contrario de arrepentirnos?... redoblar es muy trillado, ¿insistir?, ¿persistir?, ¿melonear?, ¿subsistir?, ¿fastidiar?).
Me imagino el monólogo: al principio había un montón de gente ("¿a ver qué dice este tipo?"), a medida que pasan las horas queda un borrachín resistente al humo y a la palabra que si pudiera aplaudir, aplaude, qué duda le va a quedar.

Tino Hargén dijo...

Lo contrario de arrepentirse sería para el monologador -que no soy yo , si jamás fumé- es hacer un fucking "I did it my way", la propia aprobación de lo actuado.

Si yo me tengo que arrepentir de algo es de lo que no hice, o sea de todo.

Siempre queda alguno que te escucha, siempre que siga creyendo que le vas a contra algún secreto..

Silvia Sue dijo...

Tino, me desvío del trasfondo de su interesantísimo post, porque me quedó tangencialmente eso que dice cuando habla Ud. de cierta bulimia de la lectura. Yo, que fui anoréxica en mi adolescencia, y que aún recuperada, nunca me voy a curar, a veces siento que aplico mi vieja enfermedad también a lo que ingiero leyendo: precisamente en el sentido de "comer" menos de mi lo que me dicta mi Deseo, "comer" menos para sentir y sufrir el vacío...para después atracarme, y después purgarme hasta sacármelo todo como sea, y volver a repetir el mismo circuito para huir del deseo de ver qué escriben otros, sufrir el hambre, cadaverizarme, atracarme, purgarme. Tratar de tener el control.
Tema para post propio, oportunamente.
Y le mando un beso.

Tino Hargén dijo...

Gracias Sue

Todo pareciera que se inscribe en como circula el deseo, sus diferentes modus operandis. Somos un raro mecanismos de llenados, vaciamientos, hambres y saciedades, a eso se suma las repulsiones y las empatías. Cuando ando sin ganas de leer me dan bronca los que son ávidos de lectura, no es envidia, es bronca, cuando escribo poco siento repulsión por los que escriben mucho, y al revés, cuando yo escribo mucho no soporto a los parcos.. Da para más, espero el post tuyo.

Un beso

Anónimo dijo...

Y yo agrego, como al margen, que me pareció una bellísima imagen esa de que "algo se tiñe de naranja en el techo de mi cabeza". Color amable, el naranja... y nombre de una fruta, algo que se come...

Un abrazo, Tino.

Tino Hargén dijo...

Gracias Pablo, sabés que este post mio está lleno de curiosidaes.

A saber: "Naranja" también es una palabra que usaste en tu post Lisboa de hace unos días, dicho sea de paso excelente, que recién lei anoche. También hablo de "fumador curado", y horas antes de este post Bardamu habla de un "fumador curado" en un post suyo. Creánme que no los leí antes de escribirlo!!!

Pero la máxima recurrencia -esta vez conciente- es yo había apelado ya a la figura del "monólogo de un arrepentido"


acá

Anónimo dijo...

Los leo a los tres como un relojito contento, y noté lo de las coincidencias en el naranja y en lo del fumador curado. Los relojitos en estos casos abrimos los ojos más de la cuenta, exhalamos bocanada (casi siempre de humo) y hacemos notar tarde la cosa -que no una coincidencia, creo, ahora.
Tic tac para los tres. Un placer leerlos, a los tres.

Anónimo dijo...

Esos links sin "a href" son como aceleradores de partículas, al menos las que habitan la cabeza, caprichosos, y pareciera que nos piden una intervención interpretativa: ¿qué significa, si acaso significa algo, la casualidad?

Quizás sea, me repito, la coherencia de eso que un fulano llamaba "episteme".

Aunque también es cierto que si uno se pone, empieza a encontrar ganchos de esos "por doquier" y termina como los "diabólicos" que Umberto Eco se inventó para su Péndulo de Foucault (¿se lo puede citar a Eco, o en estos tiempos queda mal y no se lleva?)

Lo del naranja, no sé, por mi lado puedo decir que siempre me resultó un color simpático, bienhumorado, sin la vocación señalética del amarillo ni la rabiosidad un poco convencional del rojo. El más simpático de los colores cálidos...

Un abrazo, Tino.