¿El siglo XXI será el siglo de los millonarios lanzados a la misión de ejercer directamente el poder político? Parece que finalmente han descubierto una obviedad: que todo puede comprarse, comenzando por lo más fácil de comprar que es la opinión pública. Y si se cuenta con ella, ¿que sentido tiene usar intermediarios?
El Washington Post, otrora un oasis de prensa "independiente" –dentro de lo que se puede ser progresista e independiente en los Estados Unidos- ahora es directo vendedor de prestigio a notas pagadas por un mecenas, un multimillonario de Wall Street llamado Peter Peterson. Parece que en aquellos lares la crisis de ventas de formatos tradicionales de papel vuelve a medios prestigiosos muy vulnerables al poder financiero, y les va a ser muy difícil no opinar a favor de quiénes paguen su supervivencia.
Otra corriente de pensamiento avanza en su difusión. Se llama –aunque usted no lo crea- “Filantrocapitalismo”. Tal el título del libro donde Matthew Bishop y Michael Green explican sus novedosa propuesta que dice más o menos así: a los problemas de la humanidad los van a solucionar los grandes millonarios poniendo parte de sus inconmensurables fortunas al servicio de un juego que sería algo así como el de salvar al mundo.
En las tierras hargentinas, donde las leyes de la metrópoli no llegan todavía, los holdings multimedios son tan pero tan poderosos que ya están en pleno ejercicio de una revolución.
¿Que hubiera sido de Cristina, por ejemplo, si se hubiera reunido todas las semana a tomar el te en buenos términos con Doña Ernestina? Seguramente millones de argentinos que creen que piensan por si mismos al llamarle “Yegua” la llamarían "La Señora que nos hace quedar bien en el mundo”
El Washington Post, otrora un oasis de prensa "independiente" –dentro de lo que se puede ser progresista e independiente en los Estados Unidos- ahora es directo vendedor de prestigio a notas pagadas por un mecenas, un multimillonario de Wall Street llamado Peter Peterson. Parece que en aquellos lares la crisis de ventas de formatos tradicionales de papel vuelve a medios prestigiosos muy vulnerables al poder financiero, y les va a ser muy difícil no opinar a favor de quiénes paguen su supervivencia.
Otra corriente de pensamiento avanza en su difusión. Se llama –aunque usted no lo crea- “Filantrocapitalismo”. Tal el título del libro donde Matthew Bishop y Michael Green explican sus novedosa propuesta que dice más o menos así: a los problemas de la humanidad los van a solucionar los grandes millonarios poniendo parte de sus inconmensurables fortunas al servicio de un juego que sería algo así como el de salvar al mundo.
En las tierras hargentinas, donde las leyes de la metrópoli no llegan todavía, los holdings multimedios son tan pero tan poderosos que ya están en pleno ejercicio de una revolución.
¿Que hubiera sido de Cristina, por ejemplo, si se hubiera reunido todas las semana a tomar el te en buenos términos con Doña Ernestina? Seguramente millones de argentinos que creen que piensan por si mismos al llamarle “Yegua” la llamarían "La Señora que nos hace quedar bien en el mundo”
