El lugar donde he sido mandado a vivir sin ninguna experiencia previa en el medio de la más huérfana inconstancia. El que me obliga a tomar por sorteo hasta la más inocente de mis decisiones, como la de creer en la más pálida idea...

junio 21, 2010

La eterna lucha entre la forma y la función


Muy antigua es en el arte la tensión entre la forma y la función. Expresada de mil maneras, con miles de máscaras, en definitiva reconocible e irreductible. En la literatura argentina me divierte mucho seguir los diferentes eventos que van caracterizando la polémica entre "los trabajadores del lenguaje" versus "los contadores de historias". El lenguaje versus la trama. Es el turno de reproducir en base a mi memorias y algunas anotaciones estas declaraciones de Alan Pauls en un programa de TV de Osvaldo Quiroga:

"Lo importante para mi es inventar territorio idiomático que admita cualquier experiencia, cualquier registro. Desmontar el dogma de la obligacion de entender. Mientras uno no entiende pueden pasar cosas más interesantes. El desencadenamiento de fuerzas que surgen del no entender son mas ricas, el entender clausura muchas instancias..."

"Se pide muchas veces que el escritor debe ponerse a la altura del lector, pero nunca se pide a los lectores que se pongan a la altura de los artistas, que se preparen para poder disfrutar de otras experiencias"

"A veces te dicen por qué no escribís algo que todo el mundo entienda, creo que hay algo clientelar ahí, el autor debiera satisfacer al cliente que exige satisfacción..."


Menuda reivindicación creativa de la oscuridad pero montada sobre una blasfemia intolerable hacia la claridad a la que se termina acusando de estéril. Después, lo de siempre; literatura para entendidos versus literatura para todos, de nuevo el riesgo del precipicio de la endogamia contra la sustentabilidad de la chatura.

2 comentarios:

Miguel P. Soler dijo...

Sin embargo, nunca se aboga por el "equilibrio" en estas discusiones entre herméticos y fabulistas. Un texto sabio, es decir, un texto que "seduce" al lector, sería la oscilante dosificación del "no entendimiento" (la oscuridad nutricia del lenguaje) y "lo legible" (la luminosidad de la concatenación argumental). Cada extremista defiende su posición extentóreamente, pero el escritor que pretende superarse a sí mismo en el arte de la seducción (y no del mercado o del elitismo), se mantiene silencioso y concentrado en su acto de equilibrista.

Un excelente exponente de esta clase de escritor, a mi entender de lector hedonista, es Bufalino, y en especial, "Las mentiras de la noche".

Un abrazo, Julio.

Tino Hargén dijo...

Gracias Miguel, comparto en todo tu comentario. Estas tendencias se terminan radicalizando más como pose y anulan las búsquedas interactivas entre ellas.

abr