El lugar donde he sido mandado a vivir sin ninguna experiencia previa en el medio de la más huérfana inconstancia. El que me obliga a tomar por sorteo hasta la más inocente de mis decisiones, como la de creer en la más pálida idea...

julio 30, 2007

El pecado de publicar opiniones

Un comentario dejado por Hernán Anganuzzi, autor del blog Zona Tomada, al pie de mi última colaboración en Nación Apache acerca de los humoristas y otras yerbas no deja de sorprenderme desde hace unos días. Lejos de aportar alguna idea con relación a los temas tratados, el comentario era algo así como un ataque personal hacia mí. Pero más allá de ignorar las razones de la irritación que le provocaron a Anganuzzi las intenciones que él me adjudica –algo así como que sólo busco hacerme notar a través de textos de opinión renegados, incordiosos o deliberadamente “polémicos”-, me preocupa el trasfondo de la situación ya que esta reacción viene de un blogger, alguien que comparte de alguna manera esta vocación por la escritura y la intención de comunicar un mensaje o una idea.

Cuestionar al autor acerca de por qué escribe o por qué no escribe esconde actitudes de censura, intolerancia o envidia, que muchos bloggers acostumbran generalmente a recibir de gente alejada de este medio. Desde muchos lugares se establecía la condición impuesta a los que tenían un blog o irrumpían en la publicación bloguera sin tener muchos antecedentes públicos en el ámbito cultural ni curriculum publicador; debían “demostrar” por qué escribían, so pena de ser pasibles de acusaciones de “egolatría” o “vedettismo”, o de “querer hacerse notar”, como si esto no fuera aplicable a todo aquel que escribe y publica. Pero claro, el resentimiento personal era la motivación de tales absurdas acusaciones, ya que no se acusaba de lo mismo a los publicadores consagrados o autorizados sino a quiénes desde el llano “se las querían dar” de escritores. Típico resentimiento mediocre de barrio de aquel que idolatra a las estrellas de la TV pero al pibe vecino que sueña y la pelea porque quiere ser actor y se anota en un casting en vez de apoyarlo lo acusa con un “este pendejo que vive acá al lado de mi casa ahora quiere que todo el mundo lo vea”.
Por otra parte puede que la gente que no lo practica –aunque sean escritores- no comprenda bien las características de un género como es el ensayo o texto de opinión. Si las ideas expuestas en un escrito de estas características resultan contrarias a las creencias o convicciones de un lector y por añadidura polémicas, no debiera ser eso argumento para descalificar al autor como “provocador”, máxime cuando ese autor no es el único que aborda ese género. Todo texto de opinión puede estar sujeto a generar polémica, es una huella posible inherente al género mismo, bastaría con hallar alguien que piense distinto y eso sabemos que puede ocurrir todo el tiempo y en cualquier lugar.

Por otra parte, ¿para qué quisiera un autor ganar enemigos? Los enemigos pueden tener alguna utilidad como una vez escribí en mi blog pero no enriquecen el espíritu precisamente ni agregan nada a nuestros créditos. ¿Buscar lectores? Los enemigos “ganados” pueden que nos lean una vez pero seguramente dejarán de leernos, si alguien especulara con ese tipo de resultados trataría por el contrario de ganar amigos con su escritura más que enemigos ya que el amigo si es una promesa concreta de futuras lecturas fieles y consecuentes. Nada parece atenuar lo absurdo de esta acusación.

El ensayo de opinión -o mejor digamos los intentos que se asemejan a él- es un género muy ingrato porque expone permanentemente al autor a los riesgos de asumir posturas: aumenta exponencialmente gente que se puede ponerse de nuestro lado tanto como la que puede ponerse en nuestra contra, despierta sentimientos de identificación positiva y negativa muy marcados, antipatías y simpatías. En ningún otro género ocurre de este modo; la exposición de textos narrativos, poesías, comentarios de libros o ensayos literarios actúan en un nivel de mayor neutralidad en las reacciones; puedo sentir simpatía hacia un autor cuyo poema me ha conmovido, pero no me irritáre con aquel cuyo poema me resulta pobre o indiferente. En el ensayo a menudo esta neutralidad es imposible, aparece una fuerza que tiende a que el lector se embandere a favor o en contra, que experimente sentimientos de palmearte la espalda o de pegarte con un palo por la espalda. Si las opiniones abordan campos temáticos como lo filosófico, lo religioso, lo ideológico y lo estético, los riesgos aumentan exponencialmente. De ahí que aquellos que buscan antes que nada mantener y aumentar lectores o cuidan de proteger una imagen “always friendly” –porque ese es su objetivo- tratan de evitar definirse en temas de este tipo, su estrategia es mantenerse en una neutralidad a través de exponer a trazos gruesos alguna que otra opinión difusa que lo inscriba dentro de lo políticamente correcto cuando es necesario o inevitable tomar partido. Algo que los mantenga en un lugar seguro y evite riesgos.

Acusar de “buscar notoriedad a través de la polémica” a un ensayista de opinión es tan absurdo como acusar de “buscar notoriedad a través de provocar emociones” a un poeta que expone sus poemas, o acusar de “buscar notoriedad a través de ventilar sus vivencias personales” a un narrador autobiográfico que hace literatura a partir de sus experiencias o de “buscar notoriedad a través de enrostrarnos como sea sus lecturas” al que aborda el texto de análisis literario. En ese caso todo escritor sería pasible de ser acusado de buscar notoriedad a través de algo. Por otro lado determinar que algunas ideas son necesariamente polémicas como si uno pudiera manipular esa condición a voluntad es una soberana ingenuidad, siempre alguien puede pensar lo contrario, esa es la clave de todo debate que se establezca en un marco de pluralismo, nadie puede asegurar que una opinión encienda polémica salvo casos extremos como por ejemplo si salgo a opinar a favor de Boca en un foro donde son todos identificados hinchas de River. En mi caso desconozco cual es la opinión mayoritaria de los lectores de NA -y no creo que absolutamente nadie pueda conocerla-en temas tan diversos como para manipular esto de “buscar polémica” a mi antojo.

Ahora si se supone que en materias como literatura y arte exponer ideas que van en contra de una corriente de pensamiento –que alguien se supone mayoritaria- en algún tema es en si condenable, el asunto es más grave, porque ¿cual sería la actitud correcta? ¿Solamente expresar opiniones si coinciden con la de esa supuesta mayoría, y si son deferentes o contrarias directamente auto amordarzarse? Curiosa forma de entender un debate pluralista de ideas, “si tenés ideas diferentes a la de una supuesta tribu no las publiques ya que serás acusado de polemista que busca enemigos como sea”. Quién lea el archivo de mi blog verá que en estos dos años predomina el ensayo y el texto de opinión, con los que me identifico mayormente, mezclado con algunas mis inquietudes en materia de poesía, ficción o textos diversos. Uno no elige ser polémico en el caso que lo sea, es más bien una consecuencia y una condena de su propia naturaleza, de sus gustos, de su temperamento y de sus pasiones, y no un sucedáneo de “querer hacerse oír a como de”.

Lo peor que le pueden hacer a un ensayista de opinión es decirle que su propia pasión es inmoral. Si se tiene disensos con lo que emana de su pluma, que mejor que debatir, en público o en privado, pero aquellos que no comprenden el sentido esencial del género o no lo toleran, mejor sería que nos beneficien con su más respetuosa indiferencia y se dediquen a cultivar una rosa blanca.

8 comentarios:

gabriel francisco dijo...

Cultivo una rosa blanca
en junio como enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.
(Jose Marti)

tu opinión es respetada. No obstante no la comparto.
http://www.google.com/url?sa=t&ct=res&cd=1&url=http%3A%2F%2Fdescargas.cervantesvirtual.com%2Fservlet%2FSirveObras%2F35726953114794839622202%2F018320.pdf&ei=hIetRsb1K6XWqwK6-9GWCw&usg=AFQjCNH21jMt1UrsXE2HP4tZkGyLBQ1Q6Q&sig2=mWdPqTyGIXMRh4bpaU1qYA

germán s. dijo...

Always friendly... Y sin embargo, espacios que se dedican a atacar a cuanta persona se acerca a ellos suelen tener muy buen rating.

Pero más allá de eso, ¿cómo no ser polémico, cuando se tiene una idea y deseos de manifestarla? Entonces, lo que se ataca no es lo polémico, sino el haber tenido una idea. Y así es como la mera anécdota pasa a ser más peligrosa de lo que parece. Un cordial saludo.

Omar dijo...

Ja... enemigos. Tengo una colección de adornos navideños de caritas incordiosas. Me las gané con toda ley del bestiario blogeril. Algunos mutan, otros vuelven ansiosos.
Por ejemplo, Incardona anda boqueando por ahí que me quiere cagar a trompadas. Debe ser por la mamemimomunización que le apliqué hace más de un año (sigue siendo el post más leído de el fantasma).
Y, supongo, no debe ser el único que quiere confrontar de manera boxística (es más, pueden venir de a tres que no tengo problema, me conocés Tino...). Pero ocurre algo singular: el blog es como un fitito, no sea cosa que lo encerrés, y el que se baja del autito no termina nunca de salir.
El tránsito de palabras puede producir serios accidentes.
¿Qué dirá Laje en radio uno?
Por las dudas, banderita de argentina en el orto y a correr en bolas por palermo viejo, al mejor estilo Danielito Link.

Tino Hargén dijo...

Así es Omar, pronto para salir a bloguear vamos tener que calzar al menos un buen pedazo de caño galvanizado de 3/4 en el bolsillo o en su defecto la ayuda de unos patovicas bien pesados...

Tino Hargén dijo...

Bienvenido Germán
Tenés razón, tener alguna idea -más allá de que sea mala o buena- es lo que debe irritar

Hernán Anganuzzi -Puck dijo...

Hola, Julio. Pensaba no responderte ni en Nación Apache ni aquí en Hargentina porque no quería contribuir al jaleo al que me referí el otro día, allá, como innecesario por falta de verdadera "polémica". Pero en honor al par de emails y comments que intercambiamos en el pasado, en buen tono, me parece descortés por mi parte quitar el cuerpo luego de arrojar mi piedrita. (Lo de quitar el cuerpo lo reconsideraré, creo, tras estos comentarios de ¡caños y patovicas!)

Lo que tengo para decir es intrascendente, eh; por eso digo piedrita, porque es casi una nada, porque es mía: a mí las toscas dignas de ese nombre siempre me escasearon mucho. Yo creo que o bien me chicaneás con tu respuesta o bien, no sé, estás sobrereaccionando. Digo, porque creo que me corrés por ese lado pero lo mismo entendiste de una a qué me refería. A mí tu derecho de expresión, el espacio para tus ideas, la convivencia cultural y todo eso me trae perfectamente sin cuidado. En el "mundo-blog" atacar o defender esas harinas es como discutir el derecho a levantarse cada mañana: un peroembolegrullo. Lo que yo no suscribo son tus intenciones, por decirlo así. Lo que varió es que ahora las entreví. Porque incluso mirá que, de hecho, te sigo leyendo (no es que Hargentina tenga pocos lectores; ¡es que yo no tengo a nadie que me avise si ponen mi nombre y apellido en un post tratándome de usted en el sopapeo!). Mirá, incluso, que a veces estuve de acuerdo con vos y muchas veces tus posts me gustaron de veras, independientemente que en todos los casos están siempre muy bien escritos. Lo más cercano que recuerdo es el jaleo con lo de los plagios o no plagios alrededor de la chantadura Di Nucci. Ahí estuve de acuerdo con vos, ambos escribimos al respecto (¡incluso yo, a mi solapado modo, fijé postura pública!). Estos paréntesis no son irónicos, Julio; intentan un cambio de humor -no hacia el bueno sino al cansino, tranqui, desencantado. Que yo no suscriba tus intenciones no importa nada de nada porque apenas soy yo, y aun puede que yo me equivoque. Eso es lo que creo que vos desleíste en mi comment en NA. Pensé y releí y encontré una especie de actitud tuya invariable; eso que es como un medrar, como un arqueo de codos en pose para obtener foco. Ni siquiera te lo impugno, apenas lo señalo personalísimamente como antipático en tanto motor. Y de la antipatía siempre se vuelve, lo cual nunca es simpático.

Ahora bien, si vos lo que sos es un "ensayista de opinión", un "polemista", entonces me cagaste, viejo. Tenés razón en todas las cosas que decís. Pero yo nunca vi nada malo en eso, si te fijás. No "aporté" ideas sobre los temas porque no me refería a ellos en la medida en que los trascendía como rebaba. Yo apenas sospecho de tu disposición de "aquí estoy yo" en este "medio". E imaginate que si mis ideas usualmente valen poquita cosa, mis sospechas son ya de valía inferior a cero. Pero mis sospechas son mis sospechas, no te parece.

Mi comment en NA quizá sonó extemporáneo y agresivo (a tu respuesta la oigo igual de extemporánea y casi nada agresiva); así lo sentí en su momento, porque me calenté, y no soy de los que se arrepienten de sus calenturas si revisan la cosa y se descubren sosteniéndolas. Tampoco soy de los que andan tirando mandarinas en los blogs cuando algo les hace ruido, es verdad. En esos casos en general no digo nada y ya. Qué voy a decir, existen millones de blogs con los que uno jamás se siente cómodo. Pero éste no fue el caso, y escribí el comment. Si lo que me hizo ruido fueron tus "móviles", el ataque necesariamente sonará "personal" y ajeno al debate de las ideas del caso. En ese sentido entiendo que el "ataque" parezca de mala leche; pero yo no lo veo así, apenas parece, justamente, una opinión personal que creo se entiende perfectamente a lo que alude.

De modo que la indiferencia me parece bien. A mí me leen tres o cuatro gatos, Tino, y raramente me tomo el mundo-de-los-blogs demasiado en seroi o le remito demasiada trascendencia. Qué oídos voy a endulzar o agredir. Sí compartimos la "vocación por la escritura", y creo también la de la lectura. Mi entusiasmo respecto a lo que escribo no se asemeja en nada a un respeto pétreo... En lo que toca a los cardos o las rosas, sean blancas o de cualquier color, nada de nada, porque los vegetales me importan un rabanito.

No tengo más para decir. Un saludo.

Tino Hargén dijo...

Hernán

Volvemos sobre lo mismo, no me cierra que “intenciones” puede tener alguien que escribe y publica opiniones sea un en blog, en un site, en un pasquin, en un diario, en un libro, en una servilleta, en el subte. Asi como lo tirás vos que pareciera sonar a intenciones ocultas, non santas, sospechosas ya que hablás de tus “sospechas” ¿Acaso de qué puede ser “sospechoso” alguien que tiene una idea y la da a conocer? ¡Por favor!

Ya te dije, podés comprobarlo, en este blog hay 240 entradas, la mayoría intentos de textos de opinión de variados temas, hasta de fútbol. Opino de todo lo que me apasiona, publiqué colaboraciones en Kaputt, en NA, en Crónicas Germanas, En Cada Dia Te Quiero Más en el blog de Paula para la feria del libro, mandé comments de opinión a decenas de blogs, mando cartas de lectores, participo de foros y listas de correo, en otra de mis pasiones que es el rock progresivo he publicado reseñas en revistas y varios sitios webs. Pero esto no es ahora de la era del blog, tengo ensayos y cosas escritas inéditas desde hace años aunque haya abandonado mucho tiempo la escritura para dedicarme a otras cosas nunca perdí la pasión, también tengo proyectos hoy día en marcha fuera del blog, es decir donde vea un fogón abierto entro y me prendo a matear. Todo eso indica un perfil, más no ninguna intención de la que tenga que ser “sospechoso”??

Creo que no hay salida, con gente que juzga, prejuzga y sospecha “intenciones” a partir de estos hechos como lo hacés vos prefiero no tener relación alguna, es infructuoso el más mínimo diálogo. Te dejo mis respetos y mis saludos, y un deseo de que te vaya bien en la vida.

Adiós

Anónimo dijo...

Tino maldito!