El lugar donde he sido mandado a vivir sin ninguna experiencia previa en el medio de la más huérfana inconstancia. El que me obliga a tomar por sorteo hasta la más inocente de mis decisiones, como la de creer en la más pálida idea...

octubre 03, 2006

La blogueridad (II)

Esta parte II completa la I desarrollando un par de puntos que me quedaron en el tintero electrónico. Pero lo realmente destacable es que que en los comentarios de la parte I y en el post de Pablo en Catedral De Hormigas surgieron ideas que llevan la cuestión a un punto que promete no detenerse.



Los modos de expresión y los tiempos

Por un parte el vuela pluma y la espontaneidad. Por la otra la selectividad, la elaboración y el tiempo de maduración. Cuando las segundas se imponen pareciera que el blog inaugura el proceso gradual de su extinción, un sufrimiento de deterioro, casi como una enfermedad que de prolongarse sabemos puede ser terminal. Mantener un nivel de elaboración y convivir con tiempos de actualización muy frecuentes es para muchos –me incluyo- algo imposible de conciliar.

En mi experiencia con Hargentina desde el vamos tuve la intención de evitar algo parecido al mecanismo de un “diario” donde las entradas fueran muy espontáneas y frecuentes, y traté de conformar una suerte de “revista” acumulativa donde aparecieran de forma asidua y regular textos de diversa índole y extensión, pero dando por supuesto que cada pieza sería poseedora de una vida propia más allá de su fecha. Y no se trató de una elección que apuntara a resguardar el posible “nivel” de los textos ni ninguna ilusión de perdurabilidad, sino de hallar una forma de expresión donde me sintiera cómodo. Ahora bien, ¿se puede ir contra la ley suprema del blog e imaginar que lo publicado el último día tenga la misma “importancia” que lo del primero?


En primer lugar se entra en contradicción que lo que impone el modelo de plantilla datada en la que se basan la mayoría de los blogs que nos obliga a desayunarnos con lo último bien adelante, casi como un mazazo. Y también con toda la literatura que declara su condena a lo insustancial, su obediencia debida al imperio de lo efímero. La vulnerabilidad de los rastros de todo acto cultural es una imposición de la realidad que vivimos, pero no me parece feliz regodearnos aún más en esa volatilización casi instantánea porque así vamos a conseguir que se vuelva insoportable; no es que quiera pelear contra ello, simplemente no me gusta obedecer a ese tipo de mandatos de no se que corriente. En un diario que debe vender ejemplares todos los días se entiende, ¿pero acá en los blogs quién nos obliga a vender el fallecimiento cotidiano de todo contenido en pro de una renovación?


Los modos de expresión y autorización


Aparte de alterar nuestra relación con el tiempo habitual de producción de la escritura y la lectura, el blog, al posibilitar la publicación casi sin mediación de estructuras, desafía profundamente nuestros mecanismos de autorización. Bien se dice que en materia de vértigo y urgencia los blogs no son nada demasiado diferente a la escritura periodística stressada de diarios o revistas donde también se trabaja con mínimos márgenes de elaboración y el deber de subsistencia parece fagocitar toda materialidad en una espiral infinita por borrar las huellas de todo escrito pasado y liberar el apetito por lo nuevo. Pero donde si el blog aporta una cuestión netamente identitaria es en relación a como desafía profundamente las estructuras de nuestros mecanismos de autorización. Liberados de aprobaciones externas, de cuanto somos capaces de autorizarnos depende en gran medida la fluidez de un blog. Más allá de las cuestiones de auto indulgencia y auto exigencia que alguna vez desarrollé, todos, quién más o quién menos, tenemos un grado de decoro autocrítico al percibir la escritura que hemos de subir, al menos tiene que conformarnos, superar nuestro mínimo umbral de pudor intelectual.


Pero la espontaneidad de un blog que se asume como “bitácora” o transcriptor de lo cotidiano libera un tanto ese sentimiento de responsabilidad. En cambio, cuanto más formal es el formato –valga la redundancia- que adoptamos para expresarnos, más recrudecen nuestras prevenciones autocríticas. ¿Como hacer para convivir con ambas? Por un lado me niego a que el blog sea sólo vértigo, riesgo, lo que sale así de una, la riqueza de la improvisación, que sea free-jazz, jam-session. Porque también creo que puede ser continente de lo otro, de los textos destinados a durar un tiempo proporcional a su elaboración, no a desintegrarse en la licuadora supersónica de la fecha de hoy que mata todo rastro; cuentos, poesías, ensayos, narraciones novelescas, testimonios, viñetas, variaciones, sonatas, sinfonías, la música clásica.


Subyace el supuesto -tal vez falso, tal vez bien orientado- que el blog o la publicación web en general favorece el riesgo, la actitud lanzada, irreverente y experimental ¿es esto así realmente? No se si la favorece, pero si la habilita. Si bien la simple falta de pudor, el coraje o la improvisación no aportan experimentación por si solos, creo que es condición necesaria una buena dosis de incontinencia para aprovechar esa banda de posibilidades, conviviendo al mismo tiempo con la publicación de los textos más tradicionales o “estabilizados”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Tino, me dejaste pensando a mil. La dicotomía que más me interpela, entre las que planteás, es la de la jam-session vs la sinfonía. Creo que una cosa interesante de los blogs es pensarlos como "palimpsestos". La idea de "palimpsesto" la usaba un investigador de la comunicación social, Jesús Martín Barbero, para pensar sobre la televisión: una superficie que es permanentemente borroneada para ser utilizada para explayar nuevos significantes (los palimpsestos eran pergaminos que, en la edad media, se raspaban para quitarles lo que tenían escrito y volverlos a usar). Los blogs participan de esa condición, son "palimpsestos", pero al cuadrado, ya no sólo la pantalla es un palimpsesto, sino cada blog individual (si tal recorte es posible) es una superficie permanentemente reescrita. Ahí talla la cuestión del tiempo, no sólo la del tiempo de la producción (podés escribir a la Ornette Colemann o a la Ludwig Van e, incluso, podés escribir a la Ornette "mientras" escribís a la Ludwig) sino también el de la lectura, quedarte con la home de un blog o usar las categorías y el historial. El tiempo del blog es un tiempo fragmentado, aunque la organización datada sugiera otra cosa: cada blog es una bocha de "threads" con tiempos propios y la preocupación por las "categorías" lo sugiere... Bueno, temo estar subiéndome al banquito de Mafalda y poniéndome muy serio. Es que cuando mi hemisferio izquierdo me atrapa me cuesta soltarme ;-)

Un abrazo, Tino...