El lugar donde he sido mandado a vivir sin ninguna experiencia previa en el medio de la más huérfana inconstancia. El que me obliga a tomar por sorteo hasta la más inocente de mis decisiones, como la de creer en la más pálida idea...

enero 31, 2012

Derecha, populismo e "izquierdidad"


Las breves reflexiones que siguen a continuación intentan generalizar algunas cuestiones tomando como referencia a los populismos latinoamericanos que en los últimos años se han erigido como modelos de gestión y acción política con algún grado -mayor o menor- de desafío a los mandatos del neoliberalismo “ortodoxo” mundialmente imperante.


A la derecha no le interesa definir si el populismo es más o menos de izquierda para considerarlo su enemigo, lo es y punto, le resulta suficiente y no le interesa entrar en análisis ni disquisiciones ideológicas. El populismo les resulta intolerable.

Uno es suficientemente de izquierda cuando logra que la derecha lo declare su enemigo. Tal como suele ser la generación de anticuerpos un indicador fiable del nivel de infección, ergo, en indicador fiable para medir si un gobierno está llevando adelante medidas que son auténticamente medidas de izquierda, es medir el nivel de virulencia de la reacción de la derecha.

La ley superior de la sociofísica político-ideológica dice que:
“El nivel de “izquierdidad” de un gobierno es directamente proporcional al grado de demonización que la derecha hace de él”. O en una expresión menos matemática y más literaria podríamos decir que “Dime cuanto mal habla de ti la familia Vargas Llosa y te diré cuanto eres de izquierda”.

Pero por cualquier vía llegaremos a la conclusión que lo que mide eficazmente el grado de “izquierdidad” de un gobierno es la sumatoria alfabeto-algebraica de lo mal que de él hablen Andrés Oppenheimer, Santiago Kovadloff, Mario y Alvaro Vargas Llosa, Mariano Grondona y Beatriz Sarlo.

Oponerse al comunismo o al socialismo hace rato que dejó de tener sentido para la derecha neoliberal. Uno es un ex enemigo ya totalmente derrotado y desaparecido de la acción, reducido a minúsculas expresiones testimoniales en el medio de sempiternas divisiones microscópicas; no vale la pena gastar energía ni siquiera en mantener una confrontación verbal. El socialismo democrático fue totalmente cooptado y subsumido, convertido en un tibio intento de versión socialmente suavizada del crudo neoliberalismo. Aquella vieja socialdemocracia estatista defensora a ultranza del welfare state, que fuera uno de los enemigos jurados de las cruzadas neoliberales de los 80 -cuando refinados escritores como el francés Guy Sorman por ejemplo desplegaban sus astutas artillerías retóricas para convencernos que privatizar era sinónimo de civilización y virtud- pasó a revestir las filas de los gobiernos amigos, preferibles y aún deseables para la ortodoxia neoliberal, toda vez que se han mostrado como consecuentes alumnos y fueron abandonando cualquier amenaza de desobediencia. Entonces, el populismo que fue emergiendo en algunos lugares de Latinoamérica, se fue convirtiendo en el nuevo enemigo a batir, por su doble mérito y osadía de animarse a reactivar una confrontación a nivel discurso que parecía ya clausurada, y lo que es peor, por atreverse al juego de algunas desafiantes acciones políticas concretas.



26 comentarios:

Udi dijo...

Como siempre dije, mi estimado Tino: "Si La Nación dice que todo va mal: programo mis vacaciones. Si, en cambio, La Nación opina que todo está bien: ¡Cierro el culo!"
Excelente y concisa - lo bue, si bre, dos veces bue - explicación, que la sedicente izquierda autóctona ignora.
Saludos !

Martín López dijo...

Tu afirmación se emparenta mucho a esa falacia que dice que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo".

No es así. El sionismo es enemigo del fundamentalismo musulmán. ¿Entonces hay que apoyar al fundamentalismo musulmán?

La derecha muchas veces crea un enemigo imaginario para que se genere un efecto confrontativo cuando en el fondo los intereses convergen (en este caso, entre el corporativismo estatal y la hegemonía liberal). El Estado es el Estado de la clase dominante, hoy más que nunca. Sólo que hoy el Estado necesita hacerle cosquillitas a la clase dominante para poder seguir reproduciéndose a sí mismo. Sino se viene todo abajo, que es lo que se intenta evitar desde el campo nac&pop.

El viejo populismo ya también pasó y va a seguir pasando tantas veces como sea necesario a revestir las filas de los gobiernos amigos, y/o preferibles por los grupos concentrados de poder económico.

Podés tener tanta razón como yo, son maneras distintas de pensarlo, pero: la reciente revival populista no es más que la reacción a rupturas concretas, verdaderos estallidos emancipativos que se dieron en el seno de los pueblos. "populismo" es el nombre genérico a la respuesta Estatal al caracazo, los sin tierra, las rebeliones bolivianas, diciembre del 2011, etc.

Sobre las experiencias socialistas del siglo que pasó, no hay duda, estamos absolutamente de acuerdo.

Saludos cordiales,
Martín

Tino Hargén dijo...

Hola Martín. Gracias por tus excelentes comentarios.

Disiento en que el concepto que tenga parentesco con el aforismo que citás con el que estoy de acuerdo. Mejor dicho, no creo sea de aplicación ya que se trata de procesos y situaciones diferentes. El enemigo de mi enemigo no es necesariamente mi amigo (aunque puede serlo) porque las razones que lo hacen enemigo de mi enemigo pueden diferir totalmente de las que me hacen serlo a mi. De eso se trata, de indagar en las motivaciones de la enemistad más que en la enemistad misma. Por ello creo que el aforismo es excelente para denunciar el error estratégico y político que a veces se comete por desconocerla, cuando se asocia equívocamente enemistad compartida a valores compartidos, o se cree que por compartir una enemistad con un tercero por razones diferentes se produjera una especie de “empatía” natural que forzara algún tipo de alianza o “solidaridad”. Ejemplos típicos de ello se producen por ejemplo respecto de los Estados Unidos que son enemigos de tanta gente diferente y por tantas motivaciones diferentes.

Lo que planteo es un mecanismo totalmente distinto que se basa en ponderar los grados de acción y reacción de determinadas fuerzas materiales, en un escenario donde los parámetros para medir “izquierdidad” están tan confusos.

El estado populista sigue siendo operando dentro del marco del capitalista liberal porque obviamente no llega a producir un cambio de sistema, el dominio sigue intacto, pero ahora bien, nadie genera tanta oposición apenas por “cosquillitas” como afirmás vos, en tanto los niveles de oposición y demonización generados no son iguales frente a todos los gobiernos. Si todos fueran lo mismo, ¿por qué se combate tanto a unos y tan poco a otros?

Estoy en desacuerdo con que la derecha genere “enemigos imaginarios”, considero que es exactamente todo lo contrario, se caracteriza por el gran ojo que tiene para saber donde ubicar al enemigo clave, el enemigo que le molesta, y ello se ha probado a fuego a través de su fantástica capacidad histórica de reproduccion y supervivencia.

El populismo progresista o de izquierda puede ser lo que es, ni más ni menos, no es revolucionario ni mucho menos en términos de sistema ni sustituye a otros proyectos de transformación totalizadoras, pero tampoco es menos de lo que es como lo quieren hacer aparecer en algunos casos desde ciertas izquierdas ortodoxas.

De acuerdo con que su emergencia deriva en cierta medida de reacciones populares, aunque no sea una relación causal tan clara, ya que creo se mezclan en su aparición varios factores concomitantes como el mismo agotamiento socio-económico del paradigma neoliberal al que le pasa lo peor que puede pasarle a un modelo ideológico, no cumplir ni con sus propias preceptos sagrados, o sea, ser ineficaz para sostener el crecimiento sustentable socialmente, y por ende, el enriquecimiento infinito de las empresas.

Saludos

Tino Hargén dijo...

Gracias Udi, saludos!!!!!!!!!!!!!!

Martín López dijo...

A mi entender le estás dando demasiado crédito al conservadurismo. Pareciera que es más importante lo que la derecha tiene para decir que lo que podamos pensar-hacer nosotros (este nosotros es hipotético, para mí un punto de partida en política).

Por supuesto que hay diferencias, no es lo mismo Kirchner que Duhalde, si viene al caso. Pero desde el punto de vista emancipativo no son más que distintas reacciones a las verdaderas irrupciones populares. Mal menor, mal mayor. O bien un estado que excluye y margina, o bien un estado que para marginar y seguir marginando, justamente incluye (asistencialismo, clientelismo, aparatos, propaganda nacionalista, etc).

Todo lo "bueno" de este gobierno no es atribuible al gobierno, sino a todas las revueltas que convergieron en diciembre del 2011. Cualquier otro gobierno hubiera hecho lo mismo, o la cosa se iba al carajo otra vez.

Los izquierdómetros y derechómetros están todos viejos y gastados, ya no sirven más que para adornar museos. Nos dieron a elegir entre democracia y totalitarismo, como si no hubiera posibilidad de nada más, y aceptamos el chantaje sumisos. Que me perdone laclau pero el populismo junto con todos los esquemas ensayados en el siglo XX ya fueron, hace falta hoy mas que nunca un balance político del siglo que no termina de terminar. Hay que reconocer que llegamos a un límite y hay que volver a tirar los dados.

Nos quedamos en la trampa que dice que el bien es la ausencia del mal. El mal define al bien, y es al revés como tiene que ser, si es que somos fieles a una causa.

¿Por qué el lobby internacional "ataca" más a unos gobiernos que a otros? Porque eligen al socio más díscolo. De lo contrario la rebelión explota por todos lados. Necesitan a socios con ínfulas rebeldes para sostener el equilibrio a como de lugar. Es una estrategia viejísima. Crear dos, tres, muchos Libia, ésa es la consigna.

La cuestión no es "el capitalismo". Cualquiera se siente cómodo hablando mal del capitalismo, hasta Cristina. Por supuesto que la presidenta no puede ir tan lejos y hacer que cunda el pánico, así que ella sólo critica el "anarco" capitalismo, y no el capitalismo a secas.

Pero el problema, en términos políticos, no es el capitalismo sino la democracia representativa. La pregunta que hay que hacer es ¿qué es la democracia realmente existente?

El capitalismo global es cada vez más incontrolable, y el marco institucional de las democracias representativas poco y nada puede hacer al respecto. Los Estados nacionales, o más precisamente los gobiernos democráticamente electos simplemente no tienen verdadero margen de acción para evitar, paliar, o gestionar (para usar una palabrita de moda) las consecuencias de las sucesivas crisis económicas.

En resumen:
1. El poder económico está cada vez más incontrolable y las crisis económicas son cada vez más frecuentes y devastadoras.
2. El marco institucional de la democracia es insuficiente.

Entonces, ¿qué ganamos con criticar el capitalismo y defender la democracia, ya sea liberal, populista, parlamentaria o presidencialista, etc, etc?

Hay que animarse a pensar sin Estado.

Saludos.

Tino Hargén dijo...

Hola Martin, perdoná la tardanza en seguir el hilo....

Lo del “conservadurismo” es una referencia que considero pertinente y válida en relación a la naturaleza de los hechos que se analizan. En un escenario donde hay puja de fuerzas, es primordial entender los movimientos, motivaciones y del adversario, por no decir el enemigo. Suena muy de soberbia romántica eso “solo pensamos en nosotros”, como ese lirismo futbolero menottista o cappiano de los que equipos que por un orgullo adolescente dicen “pensamos en nosotros y no en el rival”.

Luego hablás de un “nosotros” que no podés definir. Cada parte se apropia de un nosotros que no puede definir. Es carencia de proyecto, de debate y de fuerza social de respaldo, todo eso junto, todo se reduce a células aisladas que creen ser depositarias de la verdad, y dicen "nosotros somo la veradera izquierda"

Desde el punto de vista emancipativo concuerdo con que ninguna expresión de un estado capitalista complete el trabajo, pero hay niveles y niveles. Lo que no es veo ninguna irrupción popular. Y tu lectura parece ver la influencia de supuestas revueltas populares que no creo existan ni hayan existido. Creo que no fueron tales y que son magnificadas en su alcance, por una especie de liturgia escénica típica de la iconografía de las izquierdas ortodoxas que lleva a sobredimensionar los alcances de actos aislados o a caracterizar de "movimientos sociales” a grupúsculos de acción que si se los analiza apenas son unos actos minoritarios sin representatividad en términos de escala. Y digo minoritarios sin que sea peyorativo, sino producto de un análisis. (no sin legitimidad, que se entienda bien)


“¿Por qué el lobby internacional "ataca" más a unos gobiernos que a otros? Porque eligen al socio más díscolo. De lo contrario la rebelión explota por todos lados. Necesitan a socios con ínfulas rebeldes para sostener el equilibrio a como de lugar. Es una estrategia viejísima. Crear dos, tres, muchos Libia, ésa es la consigna”

No estoy de acuerdo. Eligen al sector que creen puede ser más peligroso en relación a instalar situaciones potencialmente progresistas, como proyección más que como realidad.. Lo peor para el neoliberalismo es que el populismo resulte “sostenible” en términos económicos, porque aún siendo capitalista consideran que instala “malas semillas” que pueden crecer y transformarse en algo más fuerte. Y eso es muy grave para ellos, que cunda la idea que hacer algo diferente puede ser posible, por ello quieren abortarlo. Ustedes, centrando la crítica en los populismos en vez de definir con claridad la situación, contribuyen a consolidar los efectos de ese combate. Siempre combaten al que se acerca a lo posible, toda rebeldía “real” es peligrosa, pero esto no es de ahora, es de los 50, los 60 y los 70.. Aquí está la raíz de nuestro disenso Martín.

El problema es el capitalismo, porque tiene el poder y sabe imponer sus leyes, entonces tenés que pensar que estrategias pueden conmover esa enorme hegemonía fáctica. La democracia representativa es su valor de justificación social, digamos la cara humana elegida para sostenerla, lo que no la vuelve mala en si misma. Tomar a la democracia separada del capitalismo es un error. Obvio que el marco institucional de una democracia representativa no puede hacer nada radical contra el sistema del que es hijo, pero lo importante es cuanto se puede avanzar para poner en tensión los límites, los matices, sino que queda, ¿confiar en supuestas “revueltas populares” de fábula literaria que sobrevendrían?¿O delirios insustentables como “cambiar el mundo sin tomar el poder”? El poder lo tienen ellos y no te lo piensan entregar ni van a dejar resquicios donde eludirlo. Pensar sin estado en estos momentos es ponerle un banquete al poder, para que se relama, para que siga construyendo la teoría del anarquismo liberal, en tanto es la proyección del estado la que puede generar alguna fuerza con proyección transformadora.

Saludos

Martín López dijo...

El nosotros es una apuesta pascaliana, y no tiene absolutamente nada que ver con la representatividad. Mirá la lección de Egipto. Un puñado de manifestantes volteó a un gobierno en una población de 80 millones. ¿Dónde está la representatividad? No es más que la imposición de una encuesta de opinión, vaciada de todo contenido. Los cambios reales se explican por rupturas concretas.

Según tu punto de vista, todo lo que pasó en nuestro país desde Cutral-Có hasta la masacre de Avellaneda de 2002, todas las tomas de fábricas, piquetes, asambleas y demás experiencias que tejieron la trama en la que el Kirchnerismo creció como un hongo, no significan nada, son "fábulas", ¿cierto?

Entonces los únicos actores que importan en política son la derecha del poder económico y el corporativismo estatal, y a nosotros, simples mortales, sólo nos queda elegir el menos peor. Es ahí donde hay que depositar la "confianza", porque no somos más que espectadores que no pueden hacer nada por sí mismos, más que depositar confianzas en otros, que decidirán por nosotros.

Sólo queda pedirle peras al olmo. Es decir, rezarle a la virgencita de la democracia para que cumpla con lo que -según admitís- es una tarea imposible.

Tino Hargén dijo...

Seguimos Martin

Simplificás el análisis causa-efecto, por esa devoción mítica a la revuelta, un ícono cuasi religioso de la izquierda ortodoxa, aman tanto la escena del mágico del puñado de rebeldes salvadores que todo lo puede cambiar haciendo quilombo, que distorsionan los análisis. La literatura no puede dejarte de hacer ver que las cuestiones de la lucha política hay que analizar relaciones de fuerzas y complejos procesos sociales.

Los cambios no reconocen esa relación causal que vos describís. Es más, mucha veces se esconden un acto de soberbia mesiánica eso de creer que basta con la voluntad violenta de unos pocos para cambiar el orden de las cosas (no digo que se tu caso, me refiero en general). Lo de Egipto muestra lo que mi juicio es un tremendo error de evaluación, confundís representatividad con el número de asistentes a una protesta urbana. De nuevo, hay que quitarse de encima el manto sagrado de la plaza, llenar una plaza y hacer quilombo lo hace cualquiera, eso son hechos, actos, pero no todos esos actos tienen la misma representatividad ni son emergentes e procesos mayores. Hay ejemplos que son burdos pero muy elecuentes: si se juntan los 3000 hinchas del Sportivo Montoto de San Martín a pedir la renuncia de Grondona en calle Viamonte no representan al sentir de los hinchas del fútbol argentino, por lo que su quilombo mure ahí, se extingue dentro de su propia teatralidad. Diferente es si esos mismos 3000 son parte representativa de un descontento generalizado de los hinchas de Boca, River, Racing, Independiente, San Lorenzo, Central, que avalan esa movilización y podrían el respaldo de su potenciaición. Entonces cuantificar el acto en si es lo que menos importa sino su significación dentro de la trama de relaciones sociales que determinan su antes y después. netaLas revueltas egipcias fueron emergentes de una situación social generalizada, no es que se alzaron 100 tipos aislados. Hay que comprender que los hechos emergentes a veces son representación de un proceso mayor. Ningún grupo de 100 voltea un gobierno, ni un sistema porque simplemente se les ocurra aislados de la voluntad y sentimiento de las mayorías, la historia te demuestra que los hechos de desarrollan de otra manera.

Tino Hargén dijo...

sigo....

La vía del “quilomberismo” nunca cambió nada en un lugar del mundo, sólo ha servido como una punta de combate si pero los cambios requieren bases de sustentación muchos más insertas en la totalidad la trama social. Los 82 del Gramna voltearon un gobierno no porque creyeran en la fábula bíblica del heroísmo de unos pocos iluminados capaces de vencer cualquier cosa o de Davides Contra Goliathes, ni porque fueran paracaidistas que aterrizaron en un lugar, sino porque habían estudiado la realidad y estaban dadas las circunstancias para que sucediera cierto apoyo en términos de desgaste del gobierno de Batista, del estado de sus defensas, etc. El heroísmo irracional solo gana batallas en el cine. Eso siempre lo tuvo claro Castro y no Guevara, amante de las idealizaciones mesiánicas que lo llevó al tremendo error de creer en el foquismo por ejemplo.


¿Como sustentás que los cambios de se deben fundamentalmente a esa serie de episodios? Es como otro lugar común que corre es que los asesinatos de Kostecki y Santillán provocaron la caída de Duhalde. Memen y la derecha lograron imponer un modelo durante 12 años a pesar de muchos episodios de resistencia, lo que prueba que esos episodios no cambiaron nada. Ojo, no estamos juzgando el sacrificio humano o el heroísmo personal expuesto por la gente que dejó su vida en esos hechos, pero eso es otro tema, estamos evaluando como funciona el mecanismo de regulación del poder dentro las sociedades. ¿No había piquetes con Menem, no había toma de fábricas? ¿Impidieron acaso que se consumara con total soltura la andanada de despidos, privatizaciones y precarización laboral? El cambio en primer lugar viene por el brutal agotamiento del modelo Cavallo, su colapso absoluto en términos de sustentabilidad económica. Es el corralito el que genera revueltas de respaldo generalizado y no los episodios de represión de las resistencias puntuales que vos señalás o hechos efímeros como las asambleas, por más puros, sanos y valiosos que hayan sido. Una cosa es medir el valor ético de las resistencias, y otra es medir su influencia política real. La discusión es como las fuerzas de resistencia y cambio que se dispongan en un momento histórico dado para que se potencien.

¿Alguien podría poner en duda lo valioso y heroico por ejemplo de la resistencia francesa a Hitler? No, y tampoco negar su influencia en haberle causado cierto daño al régimen, pero sería un grosero error sobredimensionar su influencia en la liberación, ya que si no venían los yanquis con sus tropas hoy París sería la capital de Tercer Reich.



sigue...

Tino Hargén dijo...

sigo, es el ultimo, no me acepta comentarios largos:


Por eso, y esto es muy importante, quiero dejar claro, que en todo lo que vengo diciendo, no desmerezco en ningun momento ni dejo de reconocer el valor politico de las luchas o resistencias puntuales, ni de reconocer el sacrificio personal y los valores de quienes las hacen. Solo trato de ponerlas en su debido lugar desde un punto de vista táctico-estratégico- estructural digamos.

No son los únicos actores que importan, pero son los protagonistas, y si vos queres cambiar un estado de situación tenes que conocer como funcionan esos protagonistas y ver como operar dentro de sus estructuras. Intuyo que por tu rechazo y estigmatización del “corporativismo estatal” sos partidario de una versión digamos anarca de revolución social o algo por el estilo, sostenida por una eventual epidemia de micro-revueltas sociales todopoderosas. No veo la más mínina sustentación en esa via.

Podemos hacer mucho por nosotros mismos, claro que si, pero lo que no deberíamos hacer es creer en peces de colores. De ninguna manera nada nos obliga a ser espectadores, solo tenemos que saber donde y como articular la lucha, en mi caso creo que debemos hacer donde haya un proyecto racional que nos indique que es la más efectiva. Yo creo que el aparato del estado es, dada la particular estructura de las sociedades capitalistas, todavía un lugar desde donde se puede incidir en la trama realidad, y no aporta nada quedarse en demonizaciones de libro. Si demonizamos el mercado, demonizamos el estado y demonizamos la democracia es muy poco lo que queda, y entonces parafraseándote te diría que deberíamos confiar en que mañana se levanten 30 a tomar una fábrica en algún rincón de la argentina, y que por el arte de la varita mágica del voluntarismo ingenuo del anarquismo todo cambie de repente.


saludos

Martín López dijo...

No estás siendo fiel a la idea de representación que elaborás. La realpolitik no permite semejantes atribuciones en nombre de la representación. Sólo el conteo, la evidencia del número respaldada por un vago "espíritu" de los pueblos y su "significación" en un entramado que es "social" en tanto deja de ser político.

Claro que no son -en sí- un puñado de manifestantes los que voltearon un gobierno, sino la presencia popular (y no su representación). Es la singularidad del gesto colectivo, que elude al número vaciado de contenido. Por eso lo rescato como lección, porque es un cortocircuito entre lo posible y lo imposible. Nadie dice que no haga falta autoridad, disciplina o control. De hecho cuando no tenemos nada que perder sólo nos queda la disciplina.

El Estado es el lugar por excelencia para producir y reproducir la representatividad que tanto defendés. Pero esa representatividad produce asimismo un tipo de subjetividad que es el que dice que no hay otra más que elegir el mal menor. Claro, para entrar en esa hay que firmar un contrato en el que uno se compromete a reconocer solamente la existencia del Estado con sus democracias y el Mercado con sus capitalismos, y nada más. Fuera de eso están las dictaduras, los totalitarismos, y todos los cucos malos. O claro, "esperar" que treinta tipos se subleven. ¿es tan dificil imaginar otra cosa que no sea firmar ese contratito o quedarnos esperando como espectadores?

Limitarnos a la representación posterga, enmudece y elude la posibilidad de presentación. Y no estoy hablando de voluntades, sino de principios. Puntos de partida. ¿Por qué no hablamos de eso? ¿Por qué no hablamos de política?

Concentrarse en las particularidades y analizar su interrelaciones, causas y efectos es un gesto puramente conservador. No hay salida posible de ese laberinto. La emancipación no es siquiera la luz al final del túnel, sólo queda la gestión de lo que hay. Por más nacional y popular que sea. El estado sólo ve particularidades, nunca singularidades. Sólo produce sus propias condiciones, es decir, es improductivo en términos emancipativos. Apostar al "proyecto racional" en el marco estatal que provea garantías mínimas de progreso.

Sólo puede ocurrir lo posible. Lo posible es lo que la historia te enseña. El fiscal de lo posible es el Estado. Atribuir los cambios políticos a "procesos sociales" emergentes es desubjetivizar, ignorar el acto político en sí, como si estuvieramos determinados por un orden superior, como si las decisiones no importaran demasiado ya que el peso de la historia nos tiene reservado un destino. Pero es una mirada profundamente despolitizadora. Porque los únicos cambios radicales están dados por subjetividades irrepresentables en el orden hegemónico.

Hay quien dice que el precio que pagamos por sobrevivir es la vida misma.

Así que... a esperar las tropas yanquis, entonces!

Saludos.

Tino Hargén dijo...

Martin, agrego comentarios citando algunas partes de los tuyos entre comillas.


“No estás siendo fiel a la idea de representación que elaborás. La realpolitik no permite semejantes atribuciones en nombre de la representación. Sólo el conteo, la evidencia del número respaldada por un vago "espíritu" de los pueblos y su "significación" en un entramado que es "social" en tanto deja de ser político”

En mis respuestas había venido analizando representación y efectividad política transformadora, dos categorías distintas, no solo representatividad. Digamos, dado un determinado orden de cosas, que acciones son representativas, y ahí entra lo cuantitativo no porque sea el único concepto o concepto soberano, sino porque la dimensión cuantitativa es insoslayable para el análisis de lo social, más desde una concepción colectivista como la mía. Luego la categoría de la efectividad, que acciones son efectivas para torcer ese orden de cosas o actuar en contra de su lógica, por consiguiente para crear posibilidades de transformación. Y te había dicho que como se trata de sociedades de poder, entonces es necesario tener en cuenta la lógica que esas sociedades de poder imponen por definición misma, en tanto se basan en el desequilibrio y la imposición de unas fuerzas agregadas como estado natural o normal. No se puede fingir que el poder no existe porque el poder está siendo ejercido en este mismo instante en todas partes.

Sobre el estado.

Me parece que deberíamos superar un error muy básico que es hablar del “Estado”, encima sin con mayúscula, así como categoría universal, dado que estamos reproduciendo solo la categoría “Estado” instalada interesadamente por el poder capitalista, que su aparato productor de sentido ha naturalizado tan eficazmente que incluso los supuestos enemigos jurados del sistema o sus opositores radicales la usan alegremente y la reproducen sin someterla a esa deconstrucción crítica. Ellos crearon la categoría en tanto Estado significa la armadura política que sostiene al sistema capitalista, pero luego, ante la peligrosa –para ellos- mutación de dicha categoría apropiada en su momento por el comunismo para intentar articular una versión de sistema social contradictoria a las esencias capitalistas, procedieron a demonizarla. Cuando el estado sirve a los intereses del capitalismo es bueno, cuando no los sirve con total plenitud es malo. Por eso, desde la revolución neoconservadora las usinas de sentido del sistema han optado por demonizar el concepto de “Estado”, en forma preventiva, siempre asociándolo a una instancia autoritaria; si es Estado, es autoritario, es fascista o comunista. Esta negación es absurda ya que el capitalismo se sostiene a través del estado, y sin estado sería imposible establecer el control social y el la reserva del uso de la fuerza que los respalda.

sigue....

Tino Hargén dijo...

Una breve digresión: No es el mercado el concepto esencial del capitalismo. Mercado pude haber en cualquier sistema. Lo esencial en el capitalismo es la naturalización de dos conceptos: por un lado la infinitud del enriquecimiento y la desigualdad, y la condición de fin en si mismo de ambas; y por el otro lado el concepto que acepta como posible que ese enriquecimiento de unos sea a costa del trabajo de otros. Son esos dos para mi los conceptos claves que sostienen la cosmovisión capitalista, y no otros que son meramente instrumentales como mercado, democracia, instituciones, libertad individual, etc.

“No hay otra posibilidad que elegir el mal menor”

Esa frase encierra un sofisma y una falacia. Elegir podés elegir lo que quieras, luego depende de tu evaluación que consideras mejor o peor en cada contexto.

“Claro, para entrar en esa hay que firmar un contrato en el que uno se compromete a reconocer solamente la existencia del Estado con sus democracias y el Mercado con sus capitalismos, y nada más. Fuera de eso están las dictaduras, los totalitarismos, y todos los cucos malos. O claro, "esperar" que treinta tipos se subleven. ¿es tan dificil imaginar otra cosa que no sea firmar ese contratito o quedarnos esperando como espectadores?”

Claro que imaginar es fácil, lo que es difícil es proyectar acciones concretas y someterse a un control de resultados por esas acciones. Pero no es imposible. Está bien, entonces empecemos por que definir que queremos hacer. Por caso, ¿vos que querés que se puede hacer? Si conozco tu propuesta, tu proyecto y tu estrategia entonces puedo opinar, sino no se completa el ciclo. Ahora, hacer algo diferente solo por el hecho de hacer algo no tiene demasiado sentido, como el rechazo por el rechazp mismo, por eso la pregunta es cual es el proyecto.

sigue....

Tino Hargén dijo...

¿Desconocemos la representación a cambio de qué? No cualquier cosa es mejor que lo que existe, nunca en política sucede eso, sino se parece a una actitud solo disruptiva, adolescente, quiero romper por romper, y encima no sabe que para rompr se requiere más que voluntarismo o creer en el poder ilimitado de la “desobediencia”. Confieso que siempre respeté y me generaba cierta seducción es cosa de disrupción totalizadora de las posturas anarcas, pero luego con el tiempo las encontré vacías, sin respaldo de ideas. Siempre tienta pensar en el rechazo. Nos levantamos un día y rechazamos todo, el sistema democrático, el orden económico, el orden moral, hasta el orden del día y la noche, pero a que conduce eso? La negación de un problema no conduce por si sola a su superación, más bien es una condena a su eternización. La negación no es suficiente como proyecto, por lo tanto la negación del orden establecido no reemplaza al orden establecido. La negación de la enfermedad no cura la enfermedad, necesitás reemplazar el tejido enfermo por el sano, y para eso tenés que diseñar una estrategia.


“Concentrarse en las particularidades y analizar su interrelaciones, causas y efectos es un gesto puramente conservador. No hay salida posible de ese laberinto”

Acá si que desbarrancamos Martín, jajjaaa, ya no te puedo seguir cheeee. ¿Como que analizar causas y efectos es conservador?????? ¿Quién te vendió ese buzón? (con todo respeto por favor, no lo tomes a mal)¡Te lo vendieron los conservadores y vos te lo creíste! “La gestión es de derecha” o “El sentido común es de derecha” lei una vez por ahí que decía un flaco que se decía de izquierda. Jajajaa ¡Eso si que es reproducir la “inserción” mental que ha hecho tu enemigo en vos!
El sentido común lo impone el que manda, pero eso no quiere decir que el sentido común sea de derecha ni menos la gestión. Eso es lo que precisamente quiere la derecha, que del otro lado haya esto; gurúes que solo creen en posturas kamikazes, incapaces de crear un nuevo orden social, utopistas por el solo hecho de que la utopía es gratis. ¿Entonces que mejor elementos disuasorio para tenerle miedo al cambio? O nos gobierna la derecha o nos ponemos en manos de estos zombies que creen que pensar está mal, y que vamos a vivir todos de la caza y de la pesca. ¿O sea que para vos un “gesto contestatario” serías no pensar en causas? Lo que te lleva a la emancipación según vos es unapostura meramente descerebrada que se plantea como una inmolación, un kamizazismo intelectual, idiotas autómatas que no analizan nada ni planean nada, solo actúan, pero que actúan? ¿Son bufones? Hay un capitalista subido sobre mi que está rompiendo el orto, pero en vez de pensar en causas para diseñar una estrategia que me permita sacármelo de encima y que deje mi culo tranquilo, no pienso porque pensar es conservador y no me conduce a la emancipacion de mi culo. Mirá vos. ¿Mientras que hago?, ¿me relajo y gozo?? ¿Grito?


El proyecto nacional y popular no es el único proyecto posible. Lo improductivo en términos emancipativos es precisamante lo que vos planteás, el no proyecto, el no pensar, el no potenciar, el aislamiento tras los gestos mesiánicos y simbólicos de rebelión, ese misticismo inoperante. Me encadeno al Obelisco como modo de rechazar el sistema, le pongo una bomba al Obelisco, hago la toma del Obelisco, instalo una carpa en el Obelisco. Primero los indignados de España, luego una bruta elección, un bruto triunfo de la derecha y un bruto ajuste neoliberal-neofranquista. Viva la estrategia de la resistencia loco! ¡Que siga la joda! Sigamos acampando que por ay para el próximo ajuste logramos que la edad jubilatoria la bajen a 82 años. Mientras la derecha se caga de risa de los bufones de la corte.

saludos!!!!!!!!

Martín López dijo...

Tino,

No tengo las respuestas. Más bien, trato de hacer las preguntas que faltan.

No se quién habló de "voluntarismo", sin embargo, cuando se critica el voluntarismo, ¿qué se propone? ¿el involuntarismo?

Volviendo al grano, los mecanismos institucionales no pueden sacarnos del pantano actual. Hasta ahí vamos bien. Las decisiones las toman accionistas y los grupos concentrados de poder. Acordado. Los gobiernos nacionales no tienen elementos para controlar la situación. Es decir, estamos en un problema. Del capitalismo no se sale por vía democrática (amén de su forma estatal multipartidista o la que sea). Vos mismo lo admitís. No se puede "ampliar" la democracia para salir del impasse, son otras cosas las que nos están condicionando. El marco democrático, liberal, populista (etc etc), es insuficiente en el mejor de los casos. La globalización económica va arrasando con lo poco que quedaba de esa esperanza tan socialdemócrata y tan del siglo pasado.

A todo esto tu respuesta es "bueno, pero el único lugar para incidir en la realidad es el Estado".

Es decir:
1. El aparataje estatal no puede resolver el problema. Está cada vez más subordinado a la economía.
2. Sólo nos queda apostar a algún proyecto racional dentro del aparataje estatal.

¿Cómo pasás del 1 al 2? La única respuesta honesta es: Elegiendo el mal menor. Involuntarismo puro. ¡Y me atribuís a mí el "no pensar"! Pensar es lo que más falta, Tino! Pensar no es meramente saber, aprenderse la enciclopedia o ser ducho en el procesamiento de datos. Pensar es decidir y apostar. Pensar en política es pensar colectivamente.

Entonces, compañero, ¿quién está negando el problema?
Está todo por hacer, sólo que a distancia del Estado. No podemos negar las condiciones de precariedad en la que vivimos, ni mucho menos podemos negar los apartos de poder. Como decís, el Estado no es tan sólo una armadura política, no es solamente el gobierno, las instituciones "democráticas", la justicia, la policía y los aparatos represivos. El Estado es ADEMÁS el estado de la situación: el poder dominante, el poder económico. El poder omnipresente, que no responde sólo a un gobierno o a un Estado en particular. Sabés muy bien que no hay ideología más estatista que el liberalismo, así que no perdamos tiempo en discutir el concepto liberal de Estado.

Ahora, nadie dice que haya que fingir que el poder no existe, eso es absurdo. Lo que hay que ignorar esa maquinaria ideológica que dice que las condiciones nos determinan. Las condiciones condicionan, lo único que nos determina son las ideas y principios que afirmamos.

No hablo de negación de nada, sino de una AFIRMACIÓN: la política está sola, el Estado está al desnudo. Está todo por hacer. Por empezar, hay que sacarnos de encima el lastre ideológico que nos tiene atenazados: Elegir entre democracia y totalitarismo es CHANTAJE. Nada está escrito de antemano. Se trata en principio de hacer las preguntas que importan. ¿existe otra posibilidad? ¿Existe alguna manera de salir del siglo XX, es decir, salir de la lógica que dice que sólo hay movimientos, partidos y su relación con el Estado? ¿Se puede salir de este laberinto que no lleva más que al Estado? ¿Se puede concebir la acción política a partir de un sujeto político (un hipotético nosotros) y no a partir de la intermediación directa con el Estado?

Si lo único que queda es 2, la emancipación es en sí un misterio. Con lo cual comprendo que hables de misticismo. Es un misterio insondable dentro de las categorías estatales. Sin duda.

Martín López dijo...

Con gusto te puedo contar qué es lo que "quiero" o "creo" que se puede hacer: en ese sentido soy optimista. Hay una infinidad de posibilidades. Pero no te veo con ganas de salir de la postura de espectador: tu lógica es: "yo apoyaría un proyecto emancipativo, pero primero quiero ver los papeles, certificarlo por escribano público y ahí tal vez me sume. De lo contrario me quedo acá buscando el candidato que mejor respresente mis intereses dentro del Estado". Es decir, quedás a la espera de que alguien te represente. Pero para eso hay que ir a buscarte a la oficina, ¿me entendés? Los aparatos ideológicos dominantes se encargan de eso. No te preocupes que si nos quedamos a la espera nos van a atender. Nos viven atendiendo, ese es el problema.

Quedarse en la particularidad es profundamente conservador, no entiendo las alusiones que hacés sobre las gestiones, y más aún, el "sentido común" (?). Tratemos de hablar el mismo idioma: lo que digo es que no vamos a llegar a ningún lado con la administración de lo que hay, por más nacional y popular que sea. Es algo que está a la vista de todos. Es un círculo interminable. El Estado identifica "problemas" y "soluciones" siempre bajo categorías que puede manejar. El ejemplo reciente más obsceno es el del Parque Indoamericano. De repente la gente se presenta (y no se queda -como proponés- esperando que la representen), entonces todos los medios, la opinión de derecha a izquierda, todo el mundo descubre el "problema": Hace falta vivienda, hay una precariedad desastrosa. Pero el verdadero problema es la presencia de la gente (presentación sin representación). Eso es lo que hace que busquemos problemas y analicemos causas y consecuencias, desde la reacción más pura hasta el discurso académico de sociólogos y opinólogos progres. Pero el problema existía antes y es bien sabido por todo el mundo. Así que es la presencia lo que jode. Es la presencia lo que se intenta invisibilizar, y reducir a la categoría de "problema". A nadie se le ocurre preguntarle a los manifestante qué piensan, que tiene para decir. Son cuerpos sin idea, precarizados, animalitos a la buena de dios, que no pueden pensar por sí mismos. Son apenas una particularidad dentro de una generalidad, sometida a un vaiven de causalidades que ni te cuento. Chocolate.

Es lo que te lleva a decir que el 15M ya terminó, y que su único resultado fue el triunfo electoral de PP. ¿No te digo? Sólo ves lo que ocurre dentro de los mecanismos estatales. Cualquier cosa que está afuera de eso es ruido. Pasado presente y futuro se decidirán dentro de los mecanismos parlamentarios. No hay salida. Sólo queda gestionar lo que hay. Ahora, ¡que a nadie se le ocurra hablar de política! Para eso están las tropas yanquis. Hasta Espartaco tuvo sus tropas yanquis.

Udi dijo...

Estimados: He seguido con atención y curiosidad, no exentas de cierto morbo - todo hay que decirlo - el interesantísimo intercambio.
El nivel de abstracción del mismo en ciertos pasajes está un poco por encima de mis habituales reflexiones y comentarios, soy más terrenal, o tal vez - en palabras de cierto ex amigo - más "rastrero".
Sea así o asado, a medida que devenían los argumentos creí recordar que - tiempo ha, casi 10 años - había escuchado temáticas parecidas, y - lo que es infinitamente peor - me había atrevido a opinar sobre ellas.
Rebuscando entonces en la Memorabilia, encontré estos torpes intentos de aproximarme a la cuestión.
Dada la moderada cantidad de información que es posible inscribir en estos formularios, la seccionaré en algunas partes, que vienen a continuación.
Salud ! (y Resistencia)

Udi dijo...

Sobre la conferencia de John Holloway en Rosario, Argentina

"Tristemente, con la apatía de los vencidos, culmina sus caóticas páginas el libro de moda entre la pequeño-burguesía bienpensante y culposa: ¿"Entonces, como cambiamos el mundo sin tomar el poder"? se pregunta, "Al final del libro como al comienzo, no lo sabemos". Se responde, faltaba más.

Empalagosamente John Holloway abrió su exposición en Rosario: "El capitalismo es una mierda", dijo, y una claque de alegres anticapitalistas lo ovacionó. ¿Qué duda cabe? No por sabido el dicho deja de ser efectivo. Queda bien decirlo, y - sobre todo - no jode a nadie, principalmente a los capitalistas, quienes ocultan pudorosamente los potentes orgasmos que les sobrevienen cuando escuchan las críticas éticas al capitalismo. Nada suena mejor a los oídos del capital que una crítica de este tipo: el capitalismo corrompe, el capitalismo mata, el capitalismo es una mierda. Tamaña acusación resbala sobre las curtidas conciencias de quienes efectivamente corrompen y matan. Los asemeja a una fuerza de la naturaleza, y los empareja con cualquier otra forma de organización social: ciertamente el esclavismo no fue (es) mucho mejor.

Previsiblemente Holloway calló (no por ignorancia, afirmo) que el capitalismo frena el desarrollo de las fuerzas productivas, que expulsa trabajadores, condenándolos ya no a ser separados de su producción, sino lisa y llanamente a retroceder a formas pre- capitalistas de producción, y - last, but not least - que el capitalismo está destruyendo las condiciones materiales de reproducción de la existencia de la humanidad, serruchando la rama en la cual estamos todos alojados: el planeta Tierra."

sigue

Udi dijo...

continuación...
"Posiblemente Holloway descalifique esta forma de presentar las cosas: se sabe, demostrar con el rigor de los números que la irracional forma de producción y apropiación del excedente lleva a la barbarie es muy largo, tedioso, y requiere de complejos estudios en disciplinas áridas como la economía y otras igualmente aburridas. Mucho más rápido y efectista es revelarnos que "El estado no baila, el estado no ríe". Se refería, claro, a que los hombre sí podemos hacerlo. Notable comprobación, solamente tras largos años de estudios en venerables universidades europeas se llega a tales extremos de sabiduría. O tal vez después de escuchar las profundas reflexiones del sub-comandante Marcos, quién convenció a Holloway que "preguntando caminamos". Nada en contra tendríamos que decir a esto. Lamentablemente el docto irlandés, quizás bajo los efectos de una sobredosis de mezcal, escuchó al sub-comandante, pero no miró alrededor. Marcos - cuya producción teórica es, cuanto menos, bastante superficial - opera como el sumo sacerdote de la "nueva revolución", y - como todo sacerdote - intenta salvar almas, aún a costa de la propia. De tal modo que postula el viejo principio del "Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago": ¿Qué otra cosa, sino construir un aparato estatal, están haciendo en Chiapas? Con las particularidades que cada situación propone, pero tratando de dar respuesta al par de preguntas fundamentales que debe contestar quién pretenda construir poder, contrapoder, o antipoder: ¿Quién, y cómo, organizará la producción, circulación y distribución de bienes y servicios en una sociedad?

A estas cuestiones el irlandés las ignora, lo que de por sí es malo, o las desprecia, lo cual es peor. Para Holloway todo se reduce a que los revolucionarios del siglo XX - todos - estaban equivocados. Por que perdieron. También alguna inferencia sobre su escala de valores podría hacerse, pero no es el objetivo de esta nota. Es olímpico el desprecio que siente el irlandés por la fuerza descargada por el capitalismo sobre todas las experiencias revolucionarias, sin ocultar sus falencias, Dios nos libre. Para mitigar el dolor que el fracaso de las revoluciones del siglo pasado le produce, Holloway ensaya explicaciones históricas capciosas. No otra cosa es sugerir un posible paralelismo entre las transiciones del feudalismo al capitalismo, y una hipotética construcción del socialismo entre los "intersticios" del modo de producción capitalista. Estas "grietas" del sistema serían así susceptibles de ensancharse, y convertirse en las grandes alamedas, dónde - más temprano que tarde - pasará el hombre nuevo, redimido de las lacras individualistas. ¿Será esta la "vía hollowayniana al socialismo"?"

sigue...

Udi dijo...

Sigue...
"Es ciertamente tierno, suena hasta bucólico: una nueva Arcadia nos espera, en la que yacerá el león junto al cordero. Lamentablemente la experiencia, sin pretensiones de análisis marxista, indica que por lo general el león se come al cordero, y si en algún momento demuestra cierta vacilación es simplemente por que está eligiendo con qué salsa lo va a adobar. Al respecto quizás convendría recordarle a Holloway la fábula del escorpión y la rana: "está en mi naturaleza", dijo el escorpión, mientras se hundía en el río, después de picar al crédulo batracio. Tampoco estaría de más que reflexionen sobre esto ciertos líderes políticos sudamericanos prontos a triunfar en elecciones organizadas por el sistema para encontrar una salida al rendimiento decreciente de la tasa de ganancia.

Tal vez en la imaginación de Holloway subyace una forma de organización social de pequeñas comunidades, autosuficientes, que trocan productos con otras similares en pie de igualdad. La poderosa irradiación de su ejemplo obraría como excitante para que más y más grupos humanos se organicen de esta forma, y al final del proceso nos encontraríamos en un mundo cambiado, sin haber "tomado" el poder. Para Holloway nada ha pasado desde Saint-Simón hasta nuestros días, pero en esto hay que reconocer que no está sin compañias: a fuerza de ser tan pos-modernos algunos filósofos, por lo general franceses, han logrado ser pre-modernos, y a fuerza de discursos herméticos - cuánto más inentendible mejor - la emprenden contra la ciencia y su, por otra parte, solapada ideologización. Rompiendo lanzas contra el neo- positivismo propician el retorno de los brujos. Buena manera de arrojar al bebé junto con el agua sucia."


continúa...

Udi dijo...

finaliza...
"Muchas cosas oculta, o disfraza, el irlandés devenido chiapaneco. Pero entre ellas ninguna menos disimulable que su toma de postura en el debate "Reforma o revolución". Mientras nos dice que la cuestión ha quedado superada, por que ambas estaban equivocadas, toma partido por la primera. Está en su derecho a hacerlo - qué duda cabe - pero el muy pillo lo escamotea, y se dice revolucionario de nuevo cuño, pero no pasa de ser un triste reformista de segunda, si le concedemos la honestidad, cosa que también es discutible.

No contento con "desmitificar" el saber revolucionario, la emprende Holloway contra el fetichismo del capital, nos recuerda la separación del productor de su producto, la enajenación que supone para el trabajador no dominar los medios de producción, y describe para nosotros la alienación que este forzado divorcio supone para la psique humana: ¡Gracias!

O no tanto, pues las conclusiones que infiere Holloway son perversas: supone que es en los espacios que el modo de producción capitalista deja libres dónde podremos resolver la tensión intrínseca entre la forma de producción - social - y la apropiación del excedente, individual. Si algo nos dejó en claro el iracundo filósofo de Tréveris es la contundencia de sus argumentos, libre de medias tintas: la humanidad tiene la oportunidad de reemplazar un modo de producción irracional y anticientífico por otro en el que la planificación nos evite el bochornoso espectáculo de hambre, guerra, enfermedades y otras lacras evitables, ya que no son fenómenos de la naturaleza, y esto desde el punto de vista científico. Pero esta posibilidad sólo la brinda el colosal desarrollo de las fuerzas productivas que provocó la globalización capitalista iniciada en el siglo XVI. Sólo desde la formidable acumulación de riqueza que el capitalismo produjo se puede pensar en la construcción de un modo de producción racional. ¿O acaso alguien cree que el creador del ejército rojo apostaba al triunfo de la revolución en Alemania por simpatía personal con los espartaquistas? Indudablemente que el capitalismo ha demostrado una capacidad de supervivencia mayor a la esperada en tiempos de Marx, y que experiencias de construcción del socialismo han fracasado. Pues bien: ¡Tanto peor! Será más difícil el camino, y más dulce la recompensa, a despecho de aquellos que no se han recuperado de la conmoción cerebral producida por los trozos de mampostería caídos del muro de Berlín, pero que durante años se negaron a ver que la existencia del muro, y no su caída, era la aberración del pensamiento revolucionario. El capitalismo no caerá por que alguien lo afirme, y menos estas líneas, pero muchísimo menos por que alguien proponga organizar carnavales que reivindiquen el hedonismo.

Nada positivo saldrá del puro voluntarismo, sino del estudio de las condiciones objetivas de la formación económico social que nos ocupe, de la correcta apreciación de la correlación de fuerzas de cada momento, de la fuerza que apliquemos en los eslabones podridos del sistema, y - fundamentalmente - de que podamos federar todas las luchas antisistémicas y apropiarnos de la riqueza que el desarrollo actual de las fuerzas productivas permite generar. Para eso deberán aunar esfuerzos todos los actores sociales involucrados contra el capital, articular las alianzas de clase necesarias, y - críticamente - dictar un programa de organización de la producción y distribución de bienes a toda la sociedad.

Salvo que alguien crea que el capitalismo permitirá que la propiedad de los medios de producción cambie de manos sin lucha, o que la creación de "falansterios" siglo XXI terminará por derrumbar un sistema que corrompe, degrada y mata."


La Haine, 7 octubre del 2002

Tino Hargén dijo...

Martin, Udi: ando de viaje por trabajo, con poco tiempo para conectarme y leer, en cuanto pueda me pongo a leer y analizar con tiempo vuestros ultimos
comentarios!! Gracias!!

Udi dijo...

Nahhhh ! Tino, un bloguero responsable no deja así a sus comentaristas !
Bueno, lo esperaremos. Buen viaje y éxitos laborales !

Martín López dijo...

Udi, me parece que estás un poco off topic. O no comprendo exactamente qué proponés discutir. De tu trabajo se desprenden algunas cuestiones que tienen alguna resonancia con los argumentos de Tino.

Por ejemplo, ¿sólo se puede hablar de política proveyendo evidencia numérica? No acepto esta tesis. A mi modo de verlo la política está secuestrada por la economía. Entonces tenemos que rescatar la discusión ideológica de los balances contables, las tasas de interés y los presupuestos nacionales. No digo que todo esto no importe, sino que la política se justifica a sí misma. La política no es un medio para intervenir en la realidad económica. Porque si lo fuera, estaría subordinada a la economía, no sería un espacio de decisión colectiva, sino un mecanismo instrumental para sobrevivir como sociedad en un mundo regido por la supervivencia del más fuerte.

Tal vez quieras que me ponga en defensa de Holloway, pero me temo que no soy el indicado. Lo digo humildemente, por desconocimiento de su trabajo. Apenas conozco el título de su libro y algunas intervenciones sueltas que he escuchado por ahí. No me gusta intercambiar eslóganes. Prefiero la prosa elaborada y la argumentación racional.

(Aclaro por si hay algún malentendido: Eso de construir en las grietas del Estado no tiene nada que ver con lo que sostengo. Es quedarse a la sombra del Estado. Es una hipótesis comparable a la del anarquismo ramplón: o destruimos al Estado, o crecemos como hongos en sus insterticios inhabitables.)

O tal vez creas que soy un zapatista. Una vez más, te voy a defraudar. El zapatismo sí me parece una novedad, de eso no tengo duda. Ahora, si es el camino o no, no soy quién para decirlo. Lo podemos discutir si te interesa. Por ahora sólo puedo decir que me resulta bastante sintomática la virulencia con la que la izquierda vetusta le pega al zapatismo. Muchas veces con más virulencia que al verdadero enemigo. "Ojalá fracasen" les falta decir.

Pero decir que el zapatismo reproduce el aparato de Estado es pifiarla feo, compañero. Justo el zapatismo, que no apostó ni apostará jamás (hacerlo sería su desaparición definitiva) a ninguna institución del Estado ni a los partidos políticos que se disputan su cuotitas de poder. Una movilización que como ninguna otra puso todas sus fichas en construir un espacio por fuera del aparataje estatal... ni por intermediarios siquiera. De su suerte no son más que ellos mismos responsables. Nosotros tenemos que más que aprender de esa experiencia, que de ir a enseñarles.

Decir que en Chiapas se ha construido un aparato estatal es mear para arriba, y lo digo con todo respeto eh! No se me ocurre otra metáfora más precisa.

Martín López dijo...

Retomando la idea: la Distancia del Estado no quiere decir operar en los insterticios del poder. Tampoco es un llamado al bucolismo y la vida salvaje en las montañas. El capitalismo es una maquinaria global que hoy así como funciona está alimentando a millones de personas, por supuesto, de manera desigual y caótica. Irnos al bosque enamorados de nosotros mismos a comer bayas y cantar canciones sería suicidio, sería inmolarnos colectivamente en una murga triste y desesperada.

El Estado es algo con lo que hay que lidiar, lo cual no significa que sea el medio de transformación de la sociedad. Lenin lo sabía, por más que le duela a mucha vanguardia iluminada.

Pero tampoco las enciclopedias del saber, por sí mismas, son el camino a la emancipación. Como si fuera cuestión de irnos a estudiar aprendernos bien la lección (o impartirla, dependiendo de si tenés que laburar para comer o no). Acá es donde salta el trosko que todos llevamos dentro: Hay que organizarnos para construir un partido, y cuyo fin último sea la captura del Estado.

Pero, (y este es un GRAN pero) pese a las críticas contra el "reformismo", el blueprint de la revolución también tiene la forma de un programa económico, un programa de gobierno casi: Educar al bárbaro, expropiar al rico, reorganizar el aparato productivo y distribuir comida a los pobres. Luego de todo eso, tendremos nuestra recompensa: la tan anhelada y postergada igualdad. Ah, y sí, en una de ésas y con suerte, la abolición del Estado.

Pero si algo nos mostró el siglo que no termina de terminar, es que el límite de la política de partidos (ya sea revolucionaria, o reformista) es que al final no es más que la organización instrumental de la liberación, la guía consciente al proletariado inconsciente. Esto termina reemplazando unos intereses por otros.

Hay que romper con la tríada Estado-partido-pueblo, estalinista hasta la médula.

Tino, compañero, por favor no tome esta discusión como un deber. Relajesé y viaje tranquilo. Ya retomaremmos el intercambio en otra oportunidad.

Saludos.
Martín

Tino Hargén dijo...

La economía no es un invento capitalista ni comunista, es un invento humano. Hasta los viejos anarcos lo tenían muy claro y pergeñaban sistemas de producción y distribución de bienes para satisfacer las necesidades materiales – como Kropotkin en “La conquista del pan”- aunque fueran sistemas que partían de supuestos tecnológicos en exceso rudimentarios. Lo política es inseperable de lo económico y lo social, no existe “lo político” así como categoría ontológica como creo que se desprende de algunas de tus posturas.
Huir del “Estado”, estigmatizarlo, demonizarlo y ponerlo con mayúsculas, como se acostumbra en los papers y la literatura libertaria es huir de la tan mentada y temida “organización”. En un mundo donde la libertad tiene tanto consenso como valor y es usada e interpretada por ideologías disímiles y antagónicas, lo que resulta difícil de aceptar es que la libertad es insuficiente como programa. El anarquismo en su sano afán de rechazar todo poder comete la torpeza fanática del odio a las reglas, y confunde reglas sociales con reglas de poder. En un caso se trata de poder, donde unos que mandan y otros que obedecen, donde los que mandan pueden imponer e imponen de hecho sus diferencias en las relaciones de fuerza. Pero las reglas de convivencia y aún las jerarquías funcionales no tienen que ver con el poder, sino con la organización de la sociedad. Leía hace poco un texto que decía que “ninguna ley favorece al más débil”. Craso error, ninguna ley impuesta por el más fuerte para su beneficio favorece al más débil, pero una ley hecha en consenso puede ser un mecanismo eficaz para favorecerlo. Todos somos libres, buenos y hermanos, pero cuando un hermano decide que para su cumplir su deseo es necesario pasar por encima de su hermano, entonces aparece la necesidad del Orden tan temido, aunque sea un Orden humanista. Si cambiaran las reglas de producción y se recompensara la solidaridad y no la hostilidad mutua entre los hombres, obviamente se desarrollaría una sociedad con unos niveles de convivencia libertaria muchísimo mayores, pero aún así no estarían ausentes los conflictos y tensiones inherentes a la naturaleza humana. Obviamente que no es una naturaleza puramente egoísta y cruel tal como nos quiere vender el capitalismo, incapaz de desarrollar su faceta altruista, pero tampoco sería un paraíso exento de hostilidades, desigualdades y debilidades a cuyas víctimas habría que proteger.
El ideal francés de un Gilles Deleuze o un Felix Guattari, un estado apriorístico del deseo donde no existe la noción de control, es un delirio provocado por los eructos del individualismo burgués y sus fantasías de consumo ilimitado. El fangoso terreno donde medran los Gilles Lipovestky vendiendo su mercancía de la “opción” y donde los Zygmunt Bauman son banalizados para esterilizar cualquier proyección subversiva de sus pensamientos.


Es un paso. Una etapa. “La captura del estado” Ahora apostamos con su captura digamos, pero en que nos basamos, aparece Superman Trosko y lo “captura para la causa”? Gracias a los rituales quilomberistas nuestros de cada día, de pronto “los últimos serán los primeros”. De pronto habrá un piquete que se multiplicará, serán 10 diez millones de piquetes. “Bienaventurados los troskos que de ellos será el reino de los hielos”. La transformación de la sociedad. El estado sea un recuerdo, se transforme en algo ya irreconocible como tal. Que un primer paso posible sea actuar desde el estado del sistema en vigencia no quiere decir que entre los programas de transformación sea perpetuar ese “estado” como forma de organización. Es obvio que si se transforman los principios, esas organizaciones típicas quedarán obsoletas. Solo que es un tema de procesos, la ruptura y la negación temprana me sigue pareciendo un acto de inconciencia, un mero divertimento.


abrazos!